Lecturas de fin de año

Diciembre 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Los últimos meses de 2015 me han sido especialmente fructíferos en materia de lectura y he podido gozar de algo más de veinte libros que decantaron parte del atoro de mi biblioteca, auncuando temo que en esta Navidad el Niño Dios, a quien escribí hace 10 días, me dejó casi en la misma situación de atoro ¡y ello en víspera de año fatal!Comentaré brevemente algunas obras como suelo hacerlo para recomendar lecturas pese a que Cali no se caracteriza por su inquietud cultural en este campo, lo que debería ir cambiando para bien en los próximos años.Muy interesante y se deja leer con facilidad el libro Órdenes Sagradas, de Benjamín Black, seudónimo de John Banville. La acción transcurre en Irlanda, tierra del autor y allí se desenvuelve un drama policiaco que toca de cerca el tema de la pedofilia de los curas católicos El Booklist resume la obra así: “Por un nivel de detalles increíbles y una profundidad Psicológica, Black consigue crear una aguda sátira social al tiempo que hace una serie de escalofriantes revelaciones sobre el infame poder de la Iglesia a través del sistema de justicia y la prensa”.Por supuesto, el Wall Street Journal describe la obra con el calificativo de “cautivadora”.William Ospina nos deleita con dos libros deliciosos, eruditos y amenos: El año del verano que nunca llegó, a diferencia de sus primeras obras, pesadas ellas, es ágil y nos descrestan respecto del autor al dejar ver esta faceta estupenda de su talento. Hay que leerlo, para conocer mejor a Byron y a Shelley.La segunda obra no se queda atrás: El secreto de América Latina tiene las mismas cualidades de estilo ameno y de manejo de temas que nos cautivan y que el autor ha tratado en charlas y conferencias ligeras y a la vez profundas, que pone de presente otra realidad desconocida de Ospina: la música popular del continente.Sobre A flor de piel, de Javier Moro ya escribí, de modo que me limitaré a recomendar este libro, con entusiasmo.Nunca pensé que leería todo un volumen de Antonio Caballero, cuya prosa suele ser amarga e infortunadamente crítica de todos y de todo; sin embargo, desde hace unos meses tenía su libro Sin Remedio y me dí un festín con él; si yo fuera el autor y él el columnista, seguramente escribiría un párrafo ácido pero yo no quedé con esa impresión.Saramago, como siempre, magnífico, es uno de mis preferidos autores contemporáneos y La Caverna, sin ser tan grato como varios de sus escritos anteriores, tiene el encanto de… Saramago.Evelio Rosero (Juliana los mira) es duro y cruel, característica de sus escritos que descubrí ya hace dos o tres años; este libro califica como un Evelio Rosero y hay que leerlo como sus producciones anteriores y, seguramente, las futuros.Es una novela, dice él, que escribió hace 30 años pero varias editoriales se negaron a publicarla; supongo que en España se vivía en ese paraíso artificial que la crueldad y la sangre de tantos inocentes creó durante y después de la guerra civil, y éste es un libro erótico con un subfondo delicado y unos personajes para recordar y condenar, los fascistas y, naturalmente, Francisco Franco.Alison Weir, La historiadora de la dinastía Tudor, nos entregó un libro maravilloso y que amerita trasnochar varios días seguidos: es la dramática historia de los herederos de Enrique VIII, comenzado por su hijo -que murió muy joven-, seguido por María (Bloody Mary), Isabel I y Jane Seymour, descendiente de María Tudor, esposa de Luis XII de Francia, ajusticiada antes de cumplir 17 años y después de haber recibido la corona 10 o 15 días antes de la coronación de Isabel. (Se consigue en Amazon).Julia Navarro, prolífica escritora, nos presenta esta vez un grueso volumen, La sangre de los inocentes, que también castiga a los católicos fanáticos, especialmente a los franceses, que con toda crueldad persiguen y eliminan a los cátaros, secta por lo demás inofensiva y luego nos trae a la España del Siglo XX, igual de fanática y repugnante.Anoto que este es el tercer libro que le dedica al catolicismo y yo pensaría que ojalá siga haciéndolo pues está llegando la hora de que la iglesia se asome al Siglo XXI.

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