Las relaciones exteriores

Septiembre 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Desde hace años he tenido la mejor idea de María Ángela Holguín, nuestra canciller, no sólo por su inteligencia y habilidad, sino porque heredó la prestancia que tal cargo requiere.Ha sido ella objeto de numerosas críticas por algunas de sus declaraciones, por su posición frente a hechos desafortunados sin pensar que la culpa es del Presidente, quien goza quemando fusibles y haciéndose el loco, como con el caso de la reforma judicial.El pronunciamiento sobre el litigio con Nicaragua no fue bien hecho, o los medios lo sacaron de contexto; de hecho, en el curso de los últimos años se han pronunciado sobre la materia numerosos internacionalistas y estudiosos; yo, con el cuidado que los periódicos tienen que tener en relación con temas internacionales, que son del resorte del Presidente de la Republica, escribí en El Espectador varios editoriales pero sólo después de haber visitado a mi vecino Alfonso López Michelsen quien tenía un gran conocimiento del diferendo y serias posiciones de cómo debía el país enfrentar una reclamación de Nicaragua.Otras personas serias y estudiosas expresaron su rechazo a la manera como el gobierno de Andrés Pastrana había enfocado el asunto, suponemos que por influencia de otro par de amigos respetables, Guillermo Fernández de Soto y Julio Londoño, quienes han seguido al frente de la defensa de Colombia.Con Fernández de Soto, y siendo él Canciller en época de Pastrana (hijo) también tuve varias “enjundiosas conversaciones”, expresión que tome de la jerga bogotana de Alberto Lozano Simonelli quien, con sesudos argumentos, ha criticado la estrategia de los sucesivos gobiernos; por cierto que junto con el mejor internacionalista de los últimos años, Germán Cavelier, publicó un libro bien interesante que complementó con extensas misivas al Canciller.¿Alguien ha estudiado seriamente el tema? ¿Siguen los periodistas improvisando sobre algo de tanta importancia como nuestro problema con Venezuela en el golfo de Maracaibo que nunca gobierno alguno del vecino país ha dejado presentar en la Corte de la Haya?La Canciller no dijo ninguna bobería ni expresó algo que pudiera ser usado por el odioso gobierno de Ortega en contra de Colombia; simplemente manifestó lo que ningún abogado serio podría criticar: una vez que el expediente ‘está al despacho’ nada se puede hacer ni nadie puede predecir cuál será la sentencia. La posición es de fondo: no se trata de periodistas ni de críticos patrioteros; se trata de pensar que las cosas pueden no resultar tan buenas como las administraciones Pastrana y Uribe, y sus asesores Fernández de Soto y Julio Londoño creían.¿Que nos hubiésemos debido retirar a tiempo de la Corte para evadir su jurisdicción y el pleito mismo? ¿Qué bastaba y se podía simplemente no aceptar su jurisdicción? No lo sé y no soy un experto en el tema pero lo conozco lo suficiente para opinar que los historiadores ilustrados examinarán en el futuro el resultado del diferendo y podrán juzgar las opiniones que de lado y lado se han presentado. Las serias, por supuesto.Y hablando de Cancillería, hay un tonto y elemental argumento que no se usó para defender a Paraguay de la rosca izquierdista del tortuoso eje Nicaragua, Venezuela y Ecuador y de los aprovechados y oportunistas como Brasil y Argentina: si por algún motivo que desconocemos tocaba dejar que sancionaran a Paraguay, alegando la pobre democracia de un país amigo de Colombia, ¿por qué insisten ellos en que Cuba entre a la OEA y a las instituciones continentales? Este sí es un error de María Angela y un par dos de Santos que nos llevó a apoyar indebidamente el ingreso de Venezuela a Mercosur; esta sí es política del Presidente, y debería responder por ella.

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