Las prelaciones en tiempos de crisis

Marzo 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Después de explorar con lupa Le Bulletin, magnífica publicación de Gefip (Gestion Financière Privée) correspondiente a noviembre de 2014, que yo había guardado tan celosamente, que por poco no lo encuentro y de no ver en sus páginas restricción alguna para citarlo o transcribirlo, he resuelto hacer lo segundo, casi en su totalidad pues me recuerda los escritos de nuestros ambientalistas y políticos en relación con el caracol africano, el pez león y otras especies animales, temas que con objetos diferentes (salvo por el caracol) se discuten en Francia.No me atrevo a asumir posiciones definidas sobre las especies colombianas en cuestión pues soy casi un Antonio Nariño del ambientalismo (que por allá en 1964 llamábamos defensor de los recursos naturales renovables) y no quisiera equivocarme. Sin embargo, visto el tema con el humor francés y confiando en que los redactores de Le Bulletin existen porque piensan y más que los periodistas colombianos, me atreveré a traducir los mejores párrafos del análisis financiero del tema.Comencemos por repetir que este comienza con el caracol africano (que aquí nos desvela) y sigue con una especie (canard brennu) cuyo nombre no sé traducir y con el cangrejo rojo de Luisiana.En cuanto al pato “ya habíamos llamado la atención… sobre el excelente estudio hecho a costa de los contribuyentes para analizar su circuito de invernación”… “Pero como lo dice nuestro presidente [el de Francia] , “eso no cuesta nada pues lo paga el Estado”. “Los tres años de profundas investigaciones habían permitido llegar a un resultado francamente estupefaciente: el pato inverna en su propio estanque o en otro que se encuentra a menos de cinco kilómetros”.La ironía seria y documentada es digna de ejemplo y se podría decir que resulta tan impactante como Charlie Hebdo.Aun cuando a los cangrejos rojos de Luisiana, dice la publicación el asunto es más grave y menciona el periodista que recibió hace poco una carta con membrete de la República, enviada por algún prefecto, para “llamar la atención sobre los peligros que representa la especie exótica invasora, el cangrejo rojo de Luisiana, que consume una enorme cantidad de alimento de los peces y de la vegetación de los pozos.“Esta especie intrusa causa enormes desequilibrios ecológicos e impacta las actividades piscícolas y cinegéticas (de pesca)”.“Temblamos por nuestro patrimonio regional” (dice el periodista). “Afortunadamente las autoridades del Estado velan y me aseguran que ellas dan gran importancia a la lucha contra la proliferación de la especie a la cual me proponen que me asocie”.“A ese efecto trabajan con la universidad de Poiters para adelantar diversos estudios cuya importancia no escapa a nadie tales como el régimen alimenticio del animal, la actividad de la bestiecilla en función de las estaciones y del uso por los cazadores de diferentes modelos de canasta (de caza).”“En fin, en 2013, un estudio declarado “fundamental” sobre los predadores que atacan al cangrejo llevan a lanzar una campaña -carnicería de cangrejos-, todo lo cual merecería el reconocimiento internacional”.Algún empresario se comió el cuento pues el cangrejo es tan grande como una langosta y su carne exquisita, pero debe comerse fresco y por lo tanto contrató el correspondiente indicado medio de transporte pero (cosa tan colombiana) no contaba con la dañina protección del Estado que prohibió el transporte pues esos aguerridos crustáceos, con ocasión de un accidente de tráfico, podrían escapar y contaminar nuevas zonas, de modo que el delicioso cangrejo quedó condenado a que lo maten donde lo encuentren, bajo la vigilancia y con la participación de los agentes del Estado! Como dice el periodista, “el cangrejo rojo de Luisiana no pasará pero… tampoco el empleo”.Para concluir: las actividades piscícolas tan severamente protegidas se están extinguiendo por la proliferación de las especies de aves, ellas si protegidas en nombre de la ecología que con los peces se alimentan.

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