Las películas de horror y Uribe

Octubre 17, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

A tiburón 1,2 y 3, Rocky 1,2 y 3, El regreso de Drácula, Halloween 2 y a otras películas de violencia y horror nos tiene acostumbrados Hollywood para llenar espacios cuando a ningún guionista se le ha ocurrido algo mejor.La misma sensación sentí con Uribe 1,2 y 3, que nos hace presagiar que el personaje en cuestión está decidido a seguir gobernando desde afuera del Gobierno durante el tercer período que afortunadamente no se le aprobó; así lo demuestran sus infortunadas apariciones en público en los últimos tiempos y el anuncio de su lacayo José Obdulio de que convocará a una Constituyente, organizará elecciones de mandatarios regionales por fuera del Partido de la U, que es el del actual Presidente, de lo cual algunos politicastros como Juanito Lozano y Cia, parecen no haberse dado cuenta o, tal vez, estén diciendo y actuando como si sus lealtades estuviesen con el expresidente y no con el actual mandatario, lo cual no dejaría de ser exótico pero no imposible.Cuando el país comienza a respirar el aire nuevo pasa una chiva de otra época y lo contamina con gases tóxicos, por supuesto con la complicidad del chofer y ¿del propietario? Álvaro Uribe, que está contagiado de la corrupción por la cual están siendo investigados (y no todos) amigos y parientes, y aparece en Colombia como un encubridor de los funcionarios y ‘consejeros’ que seguramente le consultaron todos los hechos o recibieron de él mismo las instrucciones para incurrir en conductas delictuosas que están pagando caro, mientras que el caballista del Ubérrimo se pavonea por las universidades del exterior contando lo que le conviene y callando sobre la inmoralidad en la cual se sumió el país durante dos períodos, y de la cual duraremos más de una generación en salir.Y, pese a ello, se nos presenta con la motosierra de otro terrible personaje de Hollywood que ya va en su tercera aventura, y que debe ser pariente de paramilitares colombianos y oligarcas corruptos y que nos quita el sueño, como ocurre con su modelo político actual.Todo este acaecer enrarecido en momentos en que en Colombia se respira, por fin, un aire de optimismo, se manejará desde el Ubérrimo, cuya propiedad lo obliga a oponerse a la ley de tierras y a todo lo que huela a reforma agraria de una hermosa hacienda que los colombianos de motosierra no tocaron en 8 años ni la guerrilla se atrevió a profanar y, ahora, también, desde una casa fiscal en Bogotá, como lo han informado los medios.Cuando el país trata de quitarse de encima una especie de mafia palaciega que por lógica tiene que haber obedecido órdenes del jefe y que, si no fue así, Uribe debería sumarse a los acusadores de sus indelicados y poco aconductados colaboradores -y de la temible rosca del Opus Dei y otros rezanderos macabros (“el que peca y reza empata”)-, nos cae la roya encarnada en el hombre del carriel y la toallita que tanto gustaba de Tiro Fijo.Parecería que Santos, como los reyes de antaño, debería tomar juramento a sus colaboradores y a su supuesta bancada en el Congreso para saber con certeza que cuenta con sus lealtades y que no habrá dos lealtades incompatibles en sus huestes. Hoy en día lo apoyan claramente el Partido Liberal y Cambio Radical y en forma menos clara el Partido Conservador; los demás deberían jurar, todos y uno por uno.

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