La violencia contra la mujer

Julio 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Stieg Larsson, el famoso autor de ‘Milenio’ y de quien escribí hace pocas semanas en relación con su valerosa posición contra el nuevo nazismo, en general la ultraderecha, tiene un importante capítulo sobre la violencia en Suecia contra la mujer que tuve que releer con ocasión del asesinato de Rosa Elvira Cely.El título del libro en cuestión, ‘La voz y la furia’, ya dice mucho de lo que muchos pensamos en estas tristes circunstancias y parte de mi ‘furia’ quedó claramente expuesta en mi columna de hace una semana.¿Y qué dice Larsson? Después de describir a una joven “que se encuentra en la primavera de su vida” se refiere al hombre -mucho mayor que ella- al que se mantiene unida por una estrecha relación pero que se encuentra en un proceso de emancipación.El hombre tiene “una imperiosa necesidad de controlarla”, de evitar las relaciones con jóvenes de la edad de ella, tiene antecedentes penales, está vinculado a un poderoso sindicato criminal extranjero y la ha atemorizado con marcarle la cara y desfigurarla y, eventualmente, en matarla.Suena familiar esta historia; el uso del ácido por parte de bandidos, guerrilleros y mafiosos (que tampoco hay razón alguna para conservar con vida), las desfiguraciones con objetos cortantes y los asesinatos de mujeres son el pan nuestro de cada día y las estadísticas deberían aterrarnos.Larsson habla del horror de 15 ó 20 casos al año en Suecia; ojalá fuera no más que eso en Colombia. Comenta el autor que cada año, muchas mujeres suecas “huyen temiendo por su vida en busca de protección allí donde se las ofrezcan: en lejanos pueblos, en casa de amigos o en alguno de los 200 (!) centros de acogida que no dan abasto”.Y otro comentario que se nos aplica, por desgracia: “Cada año la sociedad sueca produce una nueva generación de mujeres amenazadas que pueden dar fe de la falta de derechos y del poco interés que hay cuando acuden a la Policía y a otras instituciones en busca de ayuda”. En todas partes se cuecen habas, sería un comentario muy colombiano que facilita no pensar en el problema ni en los medios para atacarlo; lo que pasa es que la naturaleza humana es así y que las tres religiones de El Libro -como dicen los musulmanes (cristiana, judía y musulmana)- a partir del Antiguo Testamento, de las deformaciones del Evangelio que la Iglesia Católica ha hecho durante su historia y del fanatismo del Corán, han estado enfocadas a pisotear a la mujer y a no reconocerle sus derechos que son iguales a los de los hombres.La joven del cuento manifiesta su deseo de dar por terminada la relación con el mafioso (para el ejemplo no se necesita que sea mafioso sino basta con que sea machista, como tanto colombiano) y por ruego de éste acepta verlo; él llega de improviso, la ataca y tortura con una pistola eléctrica y la viola repetidamente; luego la asesina.Uno de los temas de Larsson es la complicidad de los amigos del homicida (¿caso Colmenares?). En efecto el monstruo llama a sus amigos, que prestos llegan con una tela metálica y cadenas y candados para ‘empacar’ el cadáver y echarlo a un lago, lo que hacen. Dada la época del año el cadáver sale a la superficie.El asesino fue condenado a cadena perpetua pero apela por ‘trato injusto’ y su cómplice sólo a dos años. Lo grave es que “esta violencia sistemática” […] nunca se considera un problema cultural. ¡Eventualmente ni siquiera un problema!

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