La globalización y la droga

Mayo 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

¿Dónde compraban los norteamericanos las sustancias alucinógenas antes de que a algún malhechor se le ocurriera que Colombia le quedaba más cerca y que por ende era más barato cultivar aquí y llevar la marihuana, la cocaína y la heroína a Estados Unidos todo lo cual haría crecer el mercado?El profesor James D. Henderson, de la Universidad Coastal de Carolina, colombianista de importante trayectoria en el país donde vivió varios años en tres ocasiones diferentes y donde nacieron varios de sus hijos, tiene a su haber una obra magnífica que se publicó, traducida al español, hace unos dos años: ‘La modernización en Colombia; los años de Laureano Gómez’, 1865-1965.Pero ya tenía un excelente estudio sobre la violencia en el Tolima (especialmente en El Líbano); una obra sobre las diez mujeres notables en la historia de América (con su esposa) y otras dos o tres publicaciones adicionales. Su libro que fue lanzado el 27 de abril en la Feria Exposición, ceremonia en la cual participamos el doctor Jorge Alberto Restrepo, director del Cerat y yo, se denomina ‘Víctima de la Globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó a Colombia’, tiene ya de por sí un título atractivo, y en efecto, lo es. En algo más de 350 páginas hace Henderson un recorrido por la historia de este flagelo desde finales de la década de los años 60 hasta hoy.No creo conocer una historia más completa y documentada que incluye, naturalmente, la participación de la guerrilla en el manejo de esta plaga que hizo de nuestra tierra un lugar inseguro, corrupto e internacionalmente mal afamado, sin contar con el costo en vidas y con el surgimiento de una clase emergente mafiosa.Hay en el libro afirmaciones puntuales que un lector cuidadoso podría controvertir, especialmente respecto de unos pocos comentarios sobre temas políticos, pero el conjunto de este trabajo investigativo es abrumador, la bibliografía abundantísima y el índice analítico, de gran utilidad. Dice Henderson en las páginas finales de su libro: “La nueva violencia en Colombia impulsada por los dineros de la droga, se ha prolongado durante 33 años. Se extendió desde la masacre de Medellín en 1975 hasta 2008, año en el cual el país entró en su fase de posconflicto. El momento de la historia nacional posterior a la nueva violencia está marcado por el esfuerzo concertado de integrar las partes violentas e inclinadas al tráfico de drogas del país. Hacerlo es una tarea sobrecogedora porque Colombia ha descuidado históricamente a su población rural”.Y más adelante agrega: “En términos de su problema más grande, la notable desigualdad entre colombianos, ha habido un reciente logro”, y entra a ponderar la Ley de Víctimas, pero se pregunta si los dirigentes del país están dispuestos a crear un movimiento democrático no violento, capaz de alcanzar el deseo reprimido de reforma social históricamente fuerte en el país ¿Elegirá la ciudadanía sucesores de Álvaro Uribe y de Juan Manuel Santos, capaces de mantener la seguridad y, al mismo tiempo, de avanzar en la solución de difíciles problemas nacionales?Y Henderson termina su obra con una frase que responde a sus interrogantes y que refleja su amor por Colombia: “Quienes conocemos a Colombia y nos interesamos por ella, creemos que la respuesta a estas preguntas es ‘S풔.

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