La ética mundial ¿una utopía?

Agosto 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Poco se ha avanzado en el desarrollo de la propuesta de Hans Küng y de la declaración de la Ética Mundial del II Parlamento de las Religiones del Mundo, de Chicago, 1993; recordemos que a ella siguió la propuesta de Declaratoria Universal de los Deberes del Hombre (1997), la “llamada a nuestras instituciones dirigentes del III Parlamento de las religiones del Mundo, 1999 y el manifiesto por el diálogo entre civilizaciones “Crossing the Divide” elaborado por los miembros del grupo de personalidades designadas por el Secretario General de la ONU.Adicionalmente y entre tanto, se había creado la Fundación Ética Mundial que ha servido de soporte financiero al programa.Una breve explicación de lo anterior es la afirmación de que sin acuerdo de las religiones del mundo alrededor de la llamada “regla de oro” (No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti) no es posible llegar a la ambiciosa meta de la ética mundial.Cuenta Küng que el año 2001 era esencial para impulsar el proyecto pero que el mortífero ataque del 11 de septiembre creó una nueva situación obviamente perjudicial para las discusiones que deberían tener lugar. Los problemas del Medio Oriente (Siria, Iraq, Israel y la Franja de Gaza) parecen alejar aún más un sincero desiderátum de la gente de bien del mundo entero.De hecho, en el libro de Küng (Reivindicación de una Ética Mundial) colaboraron personalidades de las tres religiones abrahámicas a las cuales nos referimos la semana pasada; todas ellas apoyan la idea, pero hay aquí y allá frases que nos intranquilizan.Comenzando con el mismo Küng quien al desarrollar el punto segundo (condición básica –todo ser humano debe recibir un trato humano), expresa: “Para conducirse en forma verdaderamente humana vale ante todo aquella regla de oro…” (ver atrás), que tiene, dice él, un planteamiento positivo, y agrega: “Esta debería ser norma incondicionada, absoluta, en todas las esferas de la vida, en la familia y en las comunidades, para las razas, las naciones y religiones”.Pero más delante amplía su concepto: “Queda claro a todos que, mientras haya dominadores que opriman a los dominados, instituciones que aplastan a las personas y un poder que sofoque el derecho, no habrá más remedio que recomendar una actitud de resistencia que, dentro de lo posible, se ejerza sin violencia (subraya mía).¿Quién va a definir, por consenso entre las religiones o las naciones, cuando es posible ejercer el derecho (?) de la violencia contra un dominador que alguien (-quien-) señala sin equívoco?Dudas grandes pueden dificultar el reino de la ética mundial; ¿Es válido ejercer la violencia en Ucrania y por quien? ¿Lo es por los palestinos, por los judíos? ¿Es válido financiar el derrocamiento del presidente de Siria? ¿Es válido que la guerrilla colombiana (Farc Y ELN) ataque la infraestructura del país y siembre minas por doquier?El tema se las trae y si una sola frase del teólogo despierta estas inquietudes, el proyecto total no será fácil de aprobar.Es, sin embargo, interesante dar una ojeada rápida a las personas que lo han apoyado más abiertamente: cristianos y judíos, y con reparos, musulmanes.Lev Kopelev, literato y publicista, ucraniano, debería estar pensando en cuanta falta hace la ética mundial y así lo expresó en el pasado: “Una ética mundial es de necesidad vital”.Mary Robinson, expresidenta de Irlanda y alta comisionada de la ONU para los derechos humanos se refirió al tema con énfasis en los problemas de género: “Una cosa esta clara” la consecución de una meta de humanidad, el intento de llegar a un mutuo consenso mínimo de valores, comportamiento y moral compartidos, exige antes que nada el compromiso y la participación en igual de mujeres y hombres”.[Ya volveremos].

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