La Constitución en píldoras II

Febrero 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Estamos en el momento de analizar el proyecto de reglamento que nos tenía listo el Gobierno, por el cual habíamos sido bautizados como “Asamblea Constitucional”, nombre que figuraba en toda la papelería y en unas tarjetas en el mismo formato de las de crédito, que servirían para identificarnos.Ninguno estábamos dispuestos a aprobar el citado proyecto, de modo que se abrió una discusión que amenazaba con dilatar la iniciación de nuestras labores por lo cual logré un consenso con Álvaro Gómez, Serpa y otros oradores para redactar y aprobar los artículos no contenciosos y dejar para el día siguiente, ya en el Centro de Convenciones donde habríamos de vivir cinco meses, el análisis del resto; así ocurrió y tuvimos prontamente ese documento fundamental que era la verdadera ‘ley de leyes’, que dejaba en suspenso la Constitución hasta entonces vigente y numerosas leyes.Nadie, ni yo mismo, pensé el 5 de febrero cuál era la verdadera naturaleza de la Corporación: no era una Asamblea Constitucional, sino una Constituyente y como tal no tenía que limitarse a tratar los temas que el Gobierno había escogido de antemano, como quedó en claro cuando el 1º de mayo presenté un proyecto que proclamaba nuestra soberanía absoluta, -el cual con algunos cambios, fue aprobado y causó un enorme revuelo como puede verse en los medios de la época-.La Asamblea era un cuerpo de una heterogeneidad sin precedentes: liberales de tres grupos distintos (López, Turbay y Samper) y numerosas listas independientes, cuyos miembros nunca obedecieron las instrucciones de la Dirección Liberal pues habían llegado en algo así como 23 listas; Movimiento de Salvación Nacional con 11 delegatarios; conservatismo pastranista con pobre representación (7) y conservatismo independiente con las listas de Rodrigo Lloreda y Juan Gómez Martínez; M-19 con 19 miembros también heterogéneo, entre ellos (Carlos Ossa, María Mercedes Carranza, María Teresa Garcés, los dos Garzón, Álvaro Leyva, Maturana, Chalita y otros por un ídem, como diría mi niñera); dos listas de ‘cristianos’, dos de indios y varias de guerrilleros además del M-19 (EPL, Quintín Lame, Unión Patriótica). Esta variedad siempre fue la que más llamó la atención de los observadores nacionales y extranjeros, entre quienes cuento la numerosa concurrencia que asistió en diversas ciudades del país y en todos los escenarios a las más de 100 conferencias que dicté entre 1991 y 1993, sin contar las que como Embajador de Colombia dicté en universidades, ONG, cámaras de comercio y otras agrupaciones cívicas en diversas ciudades de los Estados Unidos: Washington, Nueva York, Miami, Dallas, Houston, Chicago, Baltimore, Denver, etc.Nunca he ocultado cómo fue de difícil, en un comienzo, dialogar con guerrilleros que habían participado en el drama del Palacio de Justicia o en otras masacres y ataques a la Fuerza Pública y a civiles indefensos. El M-19 estaba sentado en la fila de adelante de nosotros y detrás de los liberales a quienes, como muestra de buena voluntad, se les aceptó como unidad y no como avispas, de modo que ocuparon las primeras filas, seguidos del M-19 y del Movimiento de Salvación Nacional (Álvaro Gómez y Lleras) que fue la tercera fuerza.El Pastranismo quedó relegado y ahí comenzó a aburrirse Misael Pastrana, único ex presidente que asistió en los comienzos del período. Lea el próximo capítulo. ***En un breve paréntesis traigo a cuento algo de actualidad con lo que me sorprendió Umberto Eco en un párrafo de su novela ‘El cementerio de Praga’, que tiene relación con el mini escándalo que hubo en algún departamento de la Costa Atlántica cuando un cantante que desconozco tocó los genitales de un menor en señal de aprecio y admiración, por lo cual ha sido atacado y defendido por algunos con el argumento de que ese gesto “hace parte de la cultura costeña” lo cual, de ser cierto, explicaría muchas cosas.En el libro aparece un fraile “viejo y bien orondo” y alguien grita: ”¿A qué vienes tú, fraile, a tocarnos los cojones?”. O el cura era costeño o el cantante cura italiano.

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