La Constitución en píldoras (I)

Febrero 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

El 4 de febrero de 1991 se instaló la Asamblea Nacional Constituyente en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional; éramos 70 miembros con derecho a voz y voto pues hubo tal vez dos guerrilleros que participaron sólo con voz.Para mí, como tantas veces lo he dicho, fue una maravillosa experiencia tanto para el abogado como para la persona misma. Mi participación fue activa y decisiva en muchos temas y, por ello, he resuelto escribir algunas columnas sobre los aspectos de mayor interés que recuerdo vividamente, y que se extienden desde la fecha de inicio de labores hasta el 4 de julio del mismo año, fecha en la cual, coincidencialmente, se conmemora la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, cuya Constitución ha corrido con mejor suerte que la nuestra, atacada por politiqueros ambiciosos como algún ex presidente que ahora prefiero olvidar, y por una clase política corrupta y clientelista.He de aclarar que con Juan Manuel Charry y otros distinguidos asesores de constituyentes, publicamos en 1991 un libro, hoy agotado en dos ediciones, en cuyo prólogo narré mucha ‘pequeña historia’ que también incluí en mi libro Partitura Indiscreta que fue un best seller, porque se vendieron 6.000 ejemplares. ¡Qué país este! Sobra decir que hoy en día los colombianos poco saben de aquella aventura constitucional sobre la cual, junto con Marcel Tangarife, mi asistente en la Asamblea, publicamos cuatro volúmenes más.Pero ese interés y esa apatía, sumados a la ignorancia generalizada de los colombianos, no existió en aquel entonces. Toda Colombia estaba en pie apoyándonos, acompañándonos en esos cinco meses del más intenso trabajo que yo haya tenido en mi vida.Nuestra labor era sinónimo de paz y de cambio social, de participación ciudadana, de descentralización política y administrativa, de apertura para todos los partidos, movimientos, razas y creencias, en fin, de iniciación de una nueva era. Por desgracia no ha sido así y, por ello, la injusticia social, la violencia y la corrupción campean victoriosas 20 años más tarde.Es posible que todo el país y los constituyentes hayamos sido demasiado optimistas; pero eso nos sirvió para trabajar sin descanso, para manejar con prudencia un diálogo constructivo con gentes de ideologías totalmente opuestas y para que hubiese un mutuo respeto.El gobierno Gaviria y el M-19 frustraron la más importante reforma política que seguramente habría hecho nacer un país diferente; la indolencia del primero, en otros aspectos, como el de la extradición, permitió que se calumniara a estos colombianos de buena fe que nadie hubiese podido ni amedrentar ni sobornar. Como dicen las señoras, “que Dios les perdone”.El 4 de febrero ocurrieron dos cosas: la primera, la dificultad para nombrar Presidente de la sesión por orden alfabético pues en principio le correspondía a Carlos Daniel Abello, del MSN, pero la representante Aída Abello, del M-19, expresó que alguien había alterado la lista pues ella no era Abello sino Abella y que, por lo tanto, le correspondía presidir; largas discusiones llevaron a la primera presidencia plural, la de Abella y Abello.El segundo asunto, ese sí fundamental, fue el de la aprobación del reglamento. Lea el próximo artículo.

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