Javier Moro y la viruela

Javier Moro y la viruela

Noviembre 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

El gran escritor del Sari Rojo y El Impero eres tú, publicó este año otra magnífica obra, A flor de piel, que narra la odisea de los científicos y médicos españoles del Siglo XVIII que, habiendo producido la vacuna contra la mortal enfermedad, lograron en ese siglo viajar al Nuevo Mundo para salvar a cientos de miles de personas de una muerte segura pues la viruela no perdonaba y era contagiosa en extremo.En septiembre la Asociación de Amigos del Instituto Caro y Cuervo organizó la Novena Semana de la Palabra y en tal ocasión, entre otros distinguidos literatos y académicos se invitó a Moro, quien resulta ser persona brillante y sencilla con quien departimos sin protocolo alguno.Para ese entonces no conocía yo la trayectoria hermosa de otro de mis parientes, científico él como lo fue mi abuelo; Jorge Lleras Parra, era hijo de uno de los 18 hijos de mi tatarabuelo Lorenzo María Lleras, Martín, quien dedicó su vida -en medio de tremenda estrechez económica, la que genéricamente afectaba a toda la familia- a la investigación y a la educación.Jorge, nos cuenta la Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Física y Naturales en su separata 109 de diciembre de 2004, fue no sólo un sabio sino un santo, interpreto yo.Si nos devolvemos temporalmente al Siglo XVIII, aprendemos en el libro de Moro que para traer la vacuna a estas tierras lejanas se inocularon niños españoles convertidos así en portadores del mortal virus y en las diferentes ciudades y países de la correría, Cuba, México, Venezuela, El Nuevo Reino de Granada, se dejaban los niños que ya habían entregado el virus salvador para que algún galeón los llevara a España y se conseguían, con la ayuda de las autoridades coloniales, otros veinte con los cuales se cubría una nueva etapa.En nuestro país, estuvieron en 1788, bajaron por el río Magdalena y pasaron a Medellín y por poco tiempo a Santa Fe de Bogotá. ¡Qué heroica odisea!Aquí no fue tan grave el asunto pero se necesitó la presencia, la bondad y la dedicación de “Jorge Lleras Parra quien (y copiamos la separata ya mencionada) a partir de 1897, con base en sus conocimiento e investigaciones, inició la producción de la vacuna antivariólica en un rudimentario laboratorio. Gracias a su calidad científica, a su tesón y a su entrega a la lucha contra uno de los males más mortíferos en la historia de la humanidad, durante la primera mitad del Siglo XX, Colombia se abasteció significativamente de una vacuna de excelente calidad con la que se inmunizó a poblaciones de distintas regiones del país. De esta manera Lleras se comprometió de manera temprana en la erradicación de la enfermedad, meta lograda a finales de la década de los setenta”.Se dice en la separata que en el Siglo XVIII se conocieron en Europa “técnicas primitivas utilizadas en oriente para prevenir la viruela” y que la esposa del Embajador británico en Turquía observó que se hacía aspirar a los pacientes un polvo producto de la trituración de las costras de la viruela. Este principio del ‘similia similibus curantur’ era eficaz pero peligrosa porque prevenía la enfermedad pero también podía causarla.Por cierto que la palabra ‘vacuna’ viene de ‘vaca’ pues a estos pacientes animales le aparecían unas fistulas en las ubres y el liquido que éstas expulsaban causaba la enfermedad a los seres humanos pero quienes habían recibido previamente, y por razones que desconozco, tal liquido no se contagiaban. Como nos enseña el boletín, años más tarde Pasteur dio el nombre genérico de vacuna a todas las sustancias que producían la inmunidad en el hombre y en los animales.Reitera el boletín de la Academia que la vacuna llegó a nuestro país por orden de Carlos IV, traído por 22 huérfanos que se pasaron el virus de brazo a brazo durante la travesía del Atlántico; sin embargo se estableció que la enfermedad llegó en 1558 y 1566.La viruela en Colombia se propagó por las pésimas condiciones de higiene, por la falta de laboratorios y de personal especializado y ello llevó a que el 1º de diciembre de 1887 se creara la Junta Central de Higiene con un Parque de Vacunación bajo la dirección de Jorge Lleras Parra.

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