Hechos insólitos

Abril 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

El libro de Jesús Hernández sobre la Segunda Guerra Mundial, que mencioné la semana antepasada tuvo, entre otros semejantes, un capítulo denominado ‘Hechos Insólitos’, el primero de los cuales se refiere a un estudio que algún desocupado llevó a cabo para establecer cuantas veces cada político destacado decía la palabra “yo”. Al comienzo me sentí aludido pero concluí que un ingenuo columnista no puede ser juzgado con las reglas aplicables a políticos, y que eso era en 1939 y no eran políticos contemporáneos colombianos.¿Cuál fue el resultado del estudio que fue comisionado por un periódico norteamericano? El entonces primer ministro inglés, Neville Chamberlain, decía “yo” cada 249 palabras y el de Francia, Daladier, una vez cada 243 palabras. Los dictadores eran, naturalmente, más egocéntricos: Hitler, una vez cada 53 palabras y Mussolini habló tanto, que resultó imposible contabilizarlo; por supuesto, en los documentos oficiales del gobierno y en los periódicos era obligatorio poner el número de años de la era fascista, es decir con posterioridad a su ascenso al poder en 1922. Más tarde tuvieron que agregar, como consecuencia de la conquista de Etiopia y de la ascensión al trono de Víctor Manuel III, el año del Imperio todo aquello en números romanos.Era bastante más complicado que el ‘antes y después de Cristo’ (A.C.-D.C.) y, eventualmente, una fecha tendría que escribirse: 1936 D.C., XIV de la era fascista y I del Imperio.Sólo a un demente con sueños de aquella grandeza de la que carecía, podría habérsele ocurrido tamaña estupidez; por ello y por algunos hechos sangrientos mereció la pena de muerte que le aplicaron los ‘partisanos’.Es interesante analizar a personajes cultos y civilizados y sus proyectos y acciones cuando se trata de defender el país que se les ha confiado.Se ha venido a saber, especialmente por documentos desclasificados, que Churchill, enfrentado a un posible desembarco alemán en Inglaterra dio órdenes, no sólo de formar un movimiento de guerrillas, sino de matar a todos los oficiales alemanes y a los británicos pro-nazis o colaboracionistas.Si Nicaragua sigue apoderándose de nuestro territorio y sus tropas desembarcan en suelo colombiano con respaldo en algún nuevo tratado sobre la plataforma sub-acuática que se extienda a las placas tectónicas, ¿podría Santos o algún otro mandatario de los tantos responsables de nuestras perdidas luchas, tomar una decisión así de patriótica e importante? ¿O se hará nombrar por el virrey Nico, diplomático Nico-colombiano en alguna república sub-sahariana o en un territorio gobernado por los descendientes y parientes de Mahoma? Amanecerá y veremos.Y otros dos hechos insólitos: En 1940 un industrial norteamericano ofreció una recompensa de un millón de dólares ¡de 1940! por la captura de Hitler, constituyendo dicha suma la más alta que se había ofrecido hasta ese año por cualquier motivo; comenta el autor de nuestro libro que el Primer Ministro inglés no mostró interés alguno pues lo que deseaba era tomar prisionero a Hitler para enjuiciarlo públicamente, como ocurrió a varios de sus lugartenientes en Núremberg.El otro hecho curioso, no es sólo que aparentemente la abuela de Hitler era judía, lo que nos permite concluir que el demente dictador resolvió arrasar con todos los judíos del mundo porque su abuela lo maltrataba, sino que la letra nacional alemana era de origen hebreo es decir la Frakturschrift. El emperador Romano Germánico Maxímilano II (Siglo XVI) encontró que tal letra era en realidad una transformación de Schwabacher, de origen hebreo y por ello introdujo el alfabeto romano o Normalschrift.Cuánta historia aparentemente banal, pero detrás de cada una hay algo que hace pensar.Una ñapa: resulta irónico que un colombiano, además bogotano, hable de hechos históricos que tuvieron lugar en otro continente y en otra época, cuando la verdad es que en Colombia no se presentan tales hechos sino que el país, todo entero, es insólito.

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