Gripa cultural

Agosto 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Una semana de sol, llovizna permanente y frío polar me mantuvo en cama en perjuicio de mi dedicación al trabajo, en beneficio de la cultura general. Es así como salté de Hans Küng a Vargas Llosa y otros autores, lo que mejoró mis índices de lectura de este año, que no están mal.En primer lugar, leí un librillo publicado por la Universidad de los Andes y escrito por un exrector y fundador, Francisco Pizano de Brigard, en el cual hace procedentes comentarios sobre escritos de Nicolás Gómez Dávila (Escolios) y recuerda las reuniones que en el Jockey Club y en casa de este lector y escritor se llevaban a cabo para discutir sobre temas varios, no de la politiquería nacional sino de asuntos de fondo del país y del ser humano.Colacho (como le decían sus amigos) tenía una mesa adjudicada en el bar del Jockey y allí llegaban gentes ilustradas como mi lejano pariente Camacho Ramírez y mi otro lejano pariente Jorge Franco Holguín; periodistas como Hernando Téllez, y otras gentes de la misma talla. A veces se colaban lagartos como J.J. García enemigo acérrimo de mi padre a quien Nicolás Gómez hizo un chiste cruel que recordamos quienes no gustábamos tampoco de J.J.: “¿Sabe usted?”, preguntó el anfitrión, “¿cómo se pronuncia la letra J en ruso?”. No, respondió el lagarto; “K” replicó Gómez.El siguiente, ese ya libro, es de la autoría de Diego Pizano Salazar, economista de profundos conocimientos, quien logró entrevistar a muchos de los más importantes economistas del Siglo XX; los textos de las entrevistas, de sus preguntas y de las profundas respuestas, conforman un tratado de economía que debería ser material de lectura de los estudiosos de esa ciencia social. Se trata de un volumen de 150 páginas, en inglés, que lleva el título de ‘Conversations with great economists’ que son Hayek, Hicks, Kaldor, Kantorovich, Robinson, Samuelson y Tinbergen.Los economistas saben a quiénes me refiero pero, además de leer con cuidado los eruditos interrogatorios de Pizano, lo hice también de las respuestas de estos personajes, varios laureados con el premio Nobel de Economía y profesores universitarios de los centros docentes más importantes del mundo. Yo no soy economista y varios de los textos están fuera de mi alcance pero todos son profundos y abren el apetito del lector; los leí entendiéndolos parcialmente, auncuando los autores no me eran extraños.La Guerra con el Perú, del periodista Alberto Donadío, es otra lectura apasionante y bien que todo el mundo -por lo menos de mi generación- sabe qué guerra fue, no se conocen muchos detalles y curiosas anécdotas sobre el tema de un conflicto que no existió como hecho de armas, tal como lo señala el rígido investigador.Las figuras de Vásquez Cobo, Fabio Lozano Torrijos y Fabio Lozano y Lozano, Olaya Herrera, Eduardo Santos, Alfonso López y de los presidentes peruanos Leguía y Sánchez Cerro, lo mismo que las de Marco Fidel Suarez, Abadía Méndez y otras figuras de la época son tratadas sin consideraciones. Para efecto de Donadío, diré que tengo en mi poder tres gruesas carpetas del archivo de Eduardo Santos cuyos documentos versan sobre el tema.Al contrario de lo que me sucedió con las anteriores lecturas, me aventuré a leer un libro del impenitente viajero Evelyn Waugh en el cual resume sus escritos anteriores y que, a la fecha de este escrito, ya salió vía el botadero de Doña Juana.Por el contrario, leí con interés El Héroe Discreto de Mario Vargas Llosa, que no ayuda en nada a mantener la jerarquía intelectual del autor cuyos escritos he leído desde hace años: La Casa Verde, La Ciudad y los Perros, Pantaleón y las Visitadoras, La Guerra del fin del Mundo, La tía Julia y el Escribidor, La Fiesta del Chivo, Travesuras de la Niña Mala y otros pocos. En este caso esa novela costumbrista y policiaca me resultó divertida, nada más.Ya en período de mejoría, devoré buena parte de los cuentos de Kafka, que no agravaron mi salud como podría haber ocurrido; volveré sobre el tema.

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