¡Fanfarrón!

¡Fanfarrón!

Septiembre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Nadie puede hacer en Colombia lo que le dé la gana, al menos quienes no pertenecemos a las Farc ni a otros grupos de bandidos de variada índole que pululan en el país, ni somos tampoco servidores públicos corruptos.Pues bien, el Presidente que nos tocó, gracias a la maldita reelección que le debemos a Álvaro Uribe y a la total ignorancia de los electores, dijo hace un par de semanas que él escribía o decía (no recuerdo bien) lo que le daba la gana.Crasa estupidez: es principio de toda democracia que los servidores públicos -y el Presidente lo es- no pueden hacer sino lo que la ley les autoriza, mientras que los ciudadanos ‘normales’, todo aquello que no les es prohibido por la Constitución y demás normas, incluidas las sentencias. De modo que, señor Santos, usted no puede ni hacer, ni decir, ni escribir “lo que le dé la gana”, frase que no sólo es grosera, sino desafiante por ilegal y de pésimo gusto.En el presente caso el Presidente, no sólo por prohibición de normas vigentes sino porque lo prohibió la Corte Constitucional en reciente sentencia no puede hacer política barata de paloma ordinaria de plaza pública, lo cual excluye al Espíritu Santo.En efecto, la Corte fue clara al expresar que el plebiscito no se puede hacer sobre la paz y es lo que burló Santos con su formación de tahúr: le dio la gana de mencionar la paz en la pregunta sobre la cual se vota únicamente para apoyar o improbar los acuerdos de La Habana, y eso es todo.Pero el tramposillo de marras se atrevió, conociendo a los magistrados, a poner sobre el tarjetón el voto a favor de una paz completa y duradera: lo primero no es cierto pues el manuscrito de La Habana no se extiende al ELN ni a otros grupos subversivos (gaitanistas y disidentes de las Farc) para no hablar de las Bacrim. Que la paz será duradera, es otra brutalidad pues no lo sabemos ni podrá, ni él ni nosotros, garantizarlo.Yo, ciudadano prudente, no jugaría póker con Santos -que es su deporte favorito- pues sé de antemano que me haría trampa; los gangsters lo eliminarían y los ultrajados lo dejarían haciendo solitarios.Y ¿La Corte? Silencio complaciente y vergonzante; parecen esperando mermelada ahora, o el año entrante cuando varios se retiran por edad; la frase deber ser, para que dejemos de hablar mal de los magistrados, declarada inconstitucional ¿Serán capaces o se portarán como infelices cegatones? El Tiempo, previo permiso del Grupo Aval, nos lo dejará saber.Aprovecho esta oportunidad para hablar del caso de “decir lo que se les da la gana”, que es el de los obispos y curas de Colombia que después de unos 55 años de portarse más o menos bien y de olvidarse de monseñor Herrera Restrepo y de Laureano Gómez, resolvieron desenterrar el hacha de la guerra y volver a incurrir en la política nacional, encabezados por el cardenal Salazar y, creo, que el Nuncio y monseñor Suescún (prelado civilizado a quien bien aprecio). Dijo el obispo de Cali, un guerrista que me hizo recordar a un obispo de Pasto, odioso perseguidor de liberales, que el Vaticano tuvo a bien canonizar desafiando, como ha sido su conducta, a quienes sí recordamos a los malhechores de sotana que durante más de un siglo y medio a partir de 1830 se dedicaron a legalizar y a estimular el asesinato de liberales en un bloque (este no constitucional) con los pájaros, los chulavitas y los políticos conservadores.La conferencia episcopal intervino oportunamente para poner fin a la creciente politización de la Iglesia Católica, contra la cual lucharemos los colombianos de bien, si es que nos obligan a ello.Yo temo que en los púlpitos ya se esté hablando de la “paz duradera” de Santos y si fuera el Papa, retrasaría por un par de años mi visita a Colombia, a menos que quiera participar en la gran piñata mundial que regalará a nuestro pontífice criollo el Premio Nobel, condecoraciones varias, elogios a porrillo, etc…No me alcanzó el espacio para hablar de un importante libro sobre las órdenes militares del cristianismo, llamadas por el autor ‘Los monjes de la guerra’ que tanto daño hicieron desde el Siglo XI en el cercano Oriente y en Egipto, todo lo cual estamos pagando ahora.

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