Falsedades y falsificaciones

Falsedades y falsificaciones

Enero 09, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

No hace muchos meses que se volvió a poner sobre el tapete el apasionante tema de la falsificación de obras de arte, ya porque hábiles pintores han copiado con perfección un gran número de ellas, que en su momento se vendieron a precios altos, y que fueron a parar a los mejores museos del mundo donde hicieron el goce de turistas y expertos y que, años más tarde, en medio de vergonzoso escándalo, fueron guardadas en oscuros sótanos.El tema, como ocurre cada cierto tiempo, hace reaparecer timos famosos como el sudario de Turín que no es una falsificación sino una falsedad, como lo son todas las reliquias que se veneran en las iglesias y que fueron objeto de denuncia y escarnio en el libro de Peyrifitte, ‘Las llaves de San Pedro’.En efecto, las acuciosas madres de Constantino y de San Luis Rey de Francia recogieron toda clase de basura que fue bien recibida por papas y curas necesitados de esconder sus costumbres licenciosas propias de la Edad Media y el Renacimiento detrás de esos nuevos objetos del culto, entre los cuales resaltaba el satánico escrito francés ‘el Santo Prepucio’ que estaba no recuerdo en qué iglesia; por su lado, las astillas de la verdadera cruz son la imagen de daño ecológico grave pues, juntas todas, equivalen a espeso y extenso bosque.No leí mucho acerca del reciente debate sobre el tema, pero no creo que pudiera mejorar en nada la exposición que vi en Londres hace años y cuyo maravilloso catálogo de falsificaciones y falsedades, publicado por los fideicomisarios ilustres del Museo Británico, conservo celosamente.Los objetos falsos (fakes), son definidos por Mark Jones en la introducción del citado catálogo: “constituyen una exhibición sobre el engaño, o mejor dicho la evidencia material de las mil decepciones ingeniadas por hombres y causadas a sus congéneres durante tres milenios”.Por supuesto que una falsificación de hace tres mil años es hoy en día un gran tesoro aun cuando no provenga de la mano de algún conocido escultor; podría decirse algo parecido inclusive de un cuadro supuestamente de Leonardo o de Boticelli que un conocedor culto colgaría en su casa, talvez con una placa que dijese “Taller de Leonardo” o “Escuela de Boticelli”, para cubrirse las espaldas y, por supuesto, para justificar el pago de una cuantía desproporcionada para un cuadro de autor desconocido.En Colombia, el comercio de fakes ha sido próspero: las cerámicas precolombinas falsas se encuentran en museos, anticuarios, oficinas públicas y en residencias de coleccionistas; lo mismo ocurre con tanto cuadro de Vásquez Ceballos que por ahí aparece, con las esmeraldas con las cuales se engaña a nuevos y viejos ricos, pero que sin mayor riesgo pueden ser portadas por sus dueñas, y con los precolombinos de oro y los muebles coloniales.Algún viejo amigo, quien generalmente confesaba a sus clientes qué piezas eran antiguas y cuáles se “habían envejecido” a la fuerza, me explicaba cómo falsificada un armario o una mesa: se entierra por meses y luego se saca con las cicatrices que bichos varios, entre otros los gorgojos, le han dejado; y el resultado es excelente.A la falsificación de objetos siguió la de documentos que han servido para falsificar de paso la historia y ello, nos cuenta Jones, desde Babilonia y a través de todas las épocas -especialmente la Edad Media- y algo en el Renacimiento.En el Siglo XX y por razones políticas hubo un auge de las falsificaciones que hicieron populares los gobiernos para engañar espías y los dobles espías para engañar gobiernos.Menos sutil es la falsificación de fotografías, como las que por años han ilustrado la Enciclopedia Rusa y de las cuales, en cada nueva edición desaparecen las de los personajes ‘purgados’, y parcialmente de las fotografías las efigies de los supervivientes con un extraño vacío en medio de ellas.Es un tema apasionante y alguna escuela o academia podría iniciar una investigación, por ejemplo, en el caso de las pinturas de un conocido artista colombiano que ahora tiene que autenticar su familia en vista de la abusiva labor de deshonestos copistas.

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