¿Es saludable el agua de Evian?

¿Es saludable el agua de Evian?

Agosto 15, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

1938, entre otros, habrá de recordarse como el año de la miseria, la indiferencia y la cobardía de Occidente. Sólo cinco años después de haberse conocido internacionalmente la horrenda doctrina nazi sobre la limpieza étnica, tan generalizada en el mundo en estos últimos años y que se centraba en la eliminación de los judíos, los gitanos e individuos de ‘razas inferiores’ frente a la aria, Estados Unidos convocó la reunión de Evian en junio de 1938, en esa ciudad francesa conocida por su magnífica agua de manantial pero de la cual nadie volvió a hablar para que el mundo no se acordara de ‘El crimen occidental’ como califica Vivian Forrester los pecados de los mismos Estados Unidos y de las potencias europeas de la época.Vine yo a conocer la ocurrencia de aquel evento gracias a la denuncia pública hecha por esta valerosa y multifacética escritora y allí aprendí que a la cita que hubiese podido ser histórica, pero que terminó en vergonzosa farsa, concurrieron entre el 6 y el 15 de junio 33 países entre los cuales cita, además de Estados Unidos, a Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Italia, Suiza, Nueva Zelanda, Australia y 20 repúblicas de América Latina.Colombia no aparece en esa infamante lista pero ya investigué y sí participó con una delegación encabezada el profesor Manuel María Yepes y que tuvo como secretario a Abelardo Forero Benavides.Ya el mundo conocía ‘Mi lucha’ y estaba siendo testigo de la repugnante persecución de los judíos y por ello se trataba, según Roosevelt, de llegar a un acuerdo para ampliar sus cupos de inmigración con el fin de poder recibir a víctimas de la persecución nazi. Curiosamente, narra Forrester, los primeros que se negaron a ampliar sus cupos fueron ¡los Estados Unidos! (recordemos que el Congreso Norteamericano nunca aprobó el ingreso de su país a la Liga de las Naciones que había sido obra del presidente Wilson).Todos los demás participantes obraron de igual manera, con la honrosa excepción de Holanda y Dinamarca y, como dirían las señoras, Dios los castigó: un año después Francia, Gran Bretaña y sus satélites del Common Wealth (Australia, Nueva Zelanda, Canadá) estarían en guerra con Alemania; Bélgica y Noruega serían invadidos; Italia cerraría su alianza con Alemania y perseguiría judíos con la misma saña; Suecia y Suiza se declararían neutrales y Holanda que no merecía el castigo, también sería invadida.Bueno es recordar la miseria humana de los dirigentes de los países invadidos cuyas autoridades se dedicaron a cazar judíos de las respectivas nacionalidades para enviarlos a los campos de exterminio.Colombia, siendo canciller Luis López de Mesa (a quien no le chocaban los nazis), incurrió en algunos pecadillos al rechazar a buen número de inmigrantes aun cuando Eduardo Santos abrió más tarde algunas puertas. Varios de los otros países latinoamericanos, además, sirvieron de refugio a los asesinos nazis y a sus fortunas mal habidas, especialmente Argentina, Chile y algo Bolivia, y no hablo de Brasil porque o no estuvo representado en Evian o mi investigación es incompleta.Lo peor vendría después en la reunión de Munich de septiembre de 1938, cuando Francia y Gran Bretaña, traicionando su historia, y sin la mínima decencia, se arrodillaron ante Hitler y le facilitaron el desarrollo de sus macabros planes.Por supuesto, y esto lo concluye Forrester, el único acuerdo al que llegó Occidente es que no querían ver judíos en su territorio, ni siquiera a sus nacionales, y como consecuencia obvia todos apoyaron con entusiasmo el sionismo que, equivocadamente, sólo quería ver a todos los judíos en Palestina para crear luego el estado de Israel con lo cual casi podría pensarse que estaban bendiciendo el racismo, pues los que allí llegaron, sobrevivientes del Holocausto, no fueron bien recibidos. ¡Poco después, estarían los nazis tomado agua en Evian!

VER COMENTARIOS
Columnistas