El Tiempo Vs. Santos

Septiembre 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

No se trata, por supuesto, de Juan Manuel sino, de su tío abuelo Eduardo, expresidente de la República y uno de los grandes artífices de la República Liberal que dedicó su cuatrienio a impulsar con su ministro de Hacienda, Carlos Lleras Restrepo, las grandes reformas sociales: Fondo Nacional del Café, Institutos de Crédito Territorial, Fomento Industrial y Fomento Municipal, arreglo de la deuda pública, etc…El mismo Santos, en carta a Carlos Lozano y Lozano que yo reproduje y entregué luego a la Luis Ángel Arango dice, con generosidad que lo que se hizo en su gobierno fue posibles gracias a Lleras.Pues bien, en el libro Cartas del Exilio, que recoge la correspondencia de Santos y Lleras entre 1952 y 1954 y que yo, como editor, publiqué, surgen con luces las figuras de los dos estadistas en su verdadera dimensión. El Tiempo lo saboteó pues la rama de Enrique Santos Castillo dejó de querer al tío por razones que sus miembros y yo conocemos bien, de manera que cuando Juan Manuel pasó el oleo de Eduardo Santos a su despacho no lo hizo por cariño sino por mejorar su imagen.Esas dificultades mesurables no son tema de este escrito pero las consecuencias de ellas sí: yo no puedo creer que la Junta Directiva de la Casa Editorial, que tiene varios Santos como miembros, el director Roberto Pombo Holguín casado con una hija de Hernando y los redactores del diario fueron consciente, y eso los hace ver pequeños, irresponsables o torpes, de que en el año en que deberían conmemorar los 60 de los incendios del 6 de septiembre de 1952 a los cuales seguirá vinculado el presidente encargado Roberto Urdaneta Arbeláez, culpable de ellos por acción u omisión, hayan aprovechado para desenterrar un viejo artículo de Alberto Lleras (1947) en el cual alababa a esa nefasta figura que había ido creciendo en importancia gracias a las administraciones liberales ¡Alberto nunca lo hubiera escrito después de 1952! Cuan insultante resultó esta tortuosa maniobra para quienes fuimos víctimas del “Régimen” que llamaría Álvaro Gómez (aun cuando en ese entonces hubiese hecho parte de él): en esa fecha, para recordárselo a Pombo Holguín, fueron destruidas y quemadas las instalaciones de El Tiempo y El Espectador, las residencias de López Pumarejo y Lleras Restrepo y la casa de la Dirección Liberal.¿Podría existir una tara de familia, pues quienes recordamos los hechos de hace 60 años recordamos también que las llamas de nuestra residencia que ardía por los cuatro costados bailaban al son de la orquesta que animaba la fiesta ofrecida por Gustavo Santos a pocas cuadras de la gran hoguera? Era hermano del expresidente. Aún me pregunto por qué me sorprende que el país esté en tan deprimente estado y porqué creo que en una generación los descendientes de Pablo Escobar y de otros mafiosos serán recibidos con entusiasmo por la ‘sociedad bogotana’ que posiblemente no será aquélla en la cual yo he vivido.La memoria y la ética están de capa caída, más la segunda que la primera. De hecho, ya bautizaron ‘Gustavo Rojas Pinilla’ una avenida y tenemos varias universidades creadas por los mafiosos para lavar dineros sucios, que hoy en día ya ganaron estatus en Bogotá y Cali (y tal vez en otros lugares de nuestra odiosa geografía). De hecho yo propondría que los cuarteles de bomberos en ciudades y pueblos pasen a ser bautizados ‘Roberto Urdaneta Arbeláez’ cuya Policía bajo el mando del general San Juan no dejó pasar los carros de bomberos que acudieron a combatir el incendio de nuestra casa; también el 6 de septiembre podría consagrarse como la fiesta de los pirómanos.

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