El padre Llano y los inquisidores - El campo

El padre Llano y los inquisidores - El campo

Febrero 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Hace algunas semanas leí con repugnancia el artículo de un columnista de este diario en el cual, pasando por teólogo (que no lo es) adhirió a los católicos que creyeron tener derecho a condenar al presbítero al infierno, léase el General de los jesuitas y el Secretario de la Conferencia Episcopal de Colombia.No puedo tildar sino de fanáticos, cobardes e ignorantes a los tres personajes por varias razones: fanáticos, porque atentan contra los derechos fundamentales del sacerdote a escribir y hablar y nos devuelven a las épocas de Torquemada o del procurador Ordóñez quemando libros; seguramente el columnista y sus guías espirituales condenan también la planeación familiar y el aborto. Cobardes porque, uno, ataca con la seguridad de que no habrá respuesta puesto que lo hace simultáneamente con la prohibición de hablar y escribir; los otros dos porque se suman al primero con las mismas garantías del ‘paracaídas dorado’ que les suministra el Vaticano. Ignorantes porque lo que contiene el artículo del 25 de septiembre ya había sido dicho magistralmente en el libro de Llano, ‘Confesión de Fe Crítica’ publicado en 2008 y que, con seguridad, ninguno de los ofensores ha leído y que simplemente coincide con el pensamiento de una escuela teológica católica y con lo que muchos creemos. No es este el lugar para desarrollar temas tales como la humanidad de Jesús, la virginidad de María y otros producto de la afiebrada mente de unos evangelistas orientales que no conocieron a Jesús y que se oponen por motivos que ellos mismos suministran; por su parte la Iglesia se ha equivocado al sostener que Jesús fue Dios desde que ‘moraba’ en el vientre de su madre y exponen José a ser considerado un eunuco o un homosexual o asexual y a otras sandeces semejantes. La crítica de Llano al Papa cae bajo el mismo manto de oscurantismo pero todo lo que se resume en el artículo publicado en El Tiempo está ‘in extenso’ en el libro de casi 400 páginas que estoy leyendo con avidez.Dios perdone a esos soberbios inquisidores aún cuando pienso que si Dante u Orfeo hicieran una nueva visita al infierno dentro de pocos años, allá encontrarían a estos hipócritas defensores de los derechos humanos, seguramente en el noveno círculo.***En medio del aburrimiento y la desesperanza que muchos padecemos en este país, que se extienden a la ineficacia y corrupción de tantos integrantes de las ramas del poder público y a los colombianos en general que tienen el espíritu cívico y la escala de valores en los pies, me he divertido con los diálogos de paz pues es propio de nuestro país mostrar la ignorancia de sus gentes. En efecto, el problema agrario sí está en el origen de la violencia y la desigualdad, desde la colonia hasta la fecha, junto con el tema de la iglesia católica y el federalismo y el centralismo.En relación con el primero, hay que recordar que la Ley 200 de 1936 de la cual fue uno de los ponentes en la Cámara de Representantes Carlos Lleras Restrepo, fue el primer paso para producir un cambio que se concretó con la Ley 135 de 1961 -de Reforma Agraria- que los partidos manejados por terratenientes y politiqueros enterró en 1971, lo cual sólo le permitió vivir durante la administración Lleras, puesto que Valencia -como buen godo- había congelado el tema entre 1962 y 1966.Este gobierno amigo secreto de los mismos responsables, aclaró por boca del ministro Restrepo que no se repetiría nada de lo hecho en el país hasta el día de hoy, reduciendo así el campo de aplicación de los proyectos que se discuten en Cuba. Y yo me río, pues el Gobierno defiende a los grandes propietarios y la guerrilla comienza a orientarse por los lados de la Ley 135 de 1961, lo cual me vaticinó hace ya años ‘Raúl Reyes’ en el Cagúan. ¡Qué vida ésta!

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