El conejo de Santos

El conejo de Santos

Marzo 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Se equivocan quienes se tragaron el cuento de que nuestro Primer Inepto no sabía lo que iba a ocurrir en el municipio tan bien escogido por las Farc para iniciar su proceso de engañar al país.Tanto los exilados gubernamentales en Cuba como su jefe, su Ministro de Defensa y seguramente los Altos Mandos conocían la maniobra que se preparaba y que llevó a que se retirara la Fuerza Pública del poblado con el fin de evitar cualquier cosa con los guerrilleros que nos envía Venezuela, pésimo amigo y mal vecino que pretende que los colombianos le agradezcamos su ‘discreta’ intervención en el proceso de paz, a la vez que sigue dando protección al ELN cuya participación en dicho proceso será lo único que lo haga eficaz, no sólo porque sin él no se podrá saber nunca si gente de las Farc, con sólo cambiar de brazalete y ponerse un pañuelo negro, fueron o siguen siendo miembros de esa congregación guerrillera, terrorista y narcotraficante.El país seguirá en estado de alerta permanente y su Fuerza Pública persiguiendo bandidos no claramente identificados, sin contar con las Bacrim que deben ser aniquilados a la mayor brevedad.Si Venezuela retira a los subversivos su protección y acuerda con Colombia (como en el pasado lo hicieron Francia y España) crear grupos binacionales para acabar con la amenaza armada no sólo al proceso de paz sino a la paz misma.Camilo Torres, tuvo la estúpida idea de irse dando ese indigno clérigo revolucionario que dirigía el ELN dizque para “alcanzar la paz”; era él un ideólogo loquito e insensato y tenía que terminar como ocurrió, sin que se nos pase por la mente que le hagan homenajes y, ni siquiera, que busquen sus restos que a nadie le hacen falta, salvó a izquierdistas comunistoides.No sé si la chifladura le vino por el lado Restrepo, por el cual es un pariente no lejano mío; yo sólo lo conocí por allá en 1963 cuando ambos participamos en el Primer Congreso sobre Agricultura, organizado por Otto Morales Benítez; él hacia parte de la comisión sobre la legislación agraria (ley 135 de 1961) y yo presidía la Comisión de Recursos Naturales en la calidad de Presidente de la Sociedad Colombiana de Recursos Naturales y Decano de la Facultad ídem de la Universidad de Bogotá.Curiosamente en la misma reunión estaba Oliverio Lara Borrero, posteriormente secuestrado y asesinado; eran los dos extremos ideológicos.Mucho estimamos en mi familia a los Torres; Calixto -padre de Camilo- era el mejor pediatra de la ciudad y en tal calidad trató a mi madre, que tenía tres años (1913) y había viajado desde España a bordo de una nave donde falleció mi abuela y donde la niña pasó toda la noche en la misma litera con el cadáver. Calixto dedicó muchas horas a la niña y salvó su vida, y eso no se olvida. Isabel Restrepo había casado en primeras nupcias con Westendorf y en segundas con Calixto, era parienta de mi padre y después de la trágica muerte del cura lo visitaba con cierta frecuencia para buscar apoyo y fuerza y para comentar no sólo el tema guerrillero, sino la situación del país, en general.Ella ya había enviudado de su segundo esposo y yo tengo la sensación por algunos comentarios que oí en su momento, que no estaba completamente en sus cabales, de lo cual he deducido que de pronto tampoco Camilo.No he investigado si los Lleras de mis tíos abuelos Alfredo y Julio Eduardo Lleras, quienes casaron con Sixta Tulia y María Pizarro resultaron de la familia de los Pizarro Leongómez, otra rama de guerrilleros. Su madre también se reunía con mi padre de vez en cuando y yo estuve con ella en una reunión en una universidad americana; adorable mujer. Pizarro era un guerrillero serio que no andaba por las nubes como mi pariente; murió también trágicamente y ahora se investiga si quien le disparó era miembro del DAS, fenómeno que para nuestra sorpresa se analiza ahora en relación con cuatro o cinco víctimas ilustres. Estas historias las cuento para que se analicen con cuidado las peculiaridades de la sociedad colombiana. Amén.

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