Diplomáticos y tramposos

Diciembre 18, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Nada más vergonzoso que la ley que acaba de ser aprobada y que si el Presidente no fuera tan cauteloso y negociador hubiera hundido en el Congreso y ahora tendría que objetar por inconveniente.Claro que la dicha de los congresistas de pensar en que pueden viajar por el mundo sin que les abran las maletas ni tengan que hacer cola en inmigración, se transformará en desilusión: si no están acreditados en el país al que llegan, no tienen derecho alguno, y no deberían tenerlo para entrar contrabando a Colombia.Para mejorar la imagen del país esas decenas de congresistas incultos, aprovechadores tramposos del erario, y muchos de ellos procesados por delitos varios, serán nuestros representantes diplomáticos en el exterior, si es que los países organizados se pliegan -sin norma alguna internacional que lo disponga- a tratar siquiera cortésmente a la escoria de nuestra democracia, que ha logrado darle mala imagen a la rama legislativa del poder público y, los vagabundos, a proyectar su mala imagen sobre todos los miembros de la corporación, que ya el país entero presume corruptos.Ahora, como el gobierno nos sigue amenazando con severas modificaciones al régimen de pensiones que sólo afectará a la clase media, yo pido que descorra el velo politiquero y clientelista que favorece básicamente a las ramas legislativa y judicial y que se le cuente al país cuántos regímenes irregulares se han ido creando y cuántos y quiénes -con nombre propio- son los beneficiarios de ellos.Aun en democracias regularcitas, como lo es la nuestra, las informaciones sobre nóminas paralelas y trampas se hacen públicas; yo espero que mi viejo amigo y exjefe del Partido Liberal, destape ese basurero desde el Ministerio de Trabajo.Cuando en la Constitución prohibimos las suplencias de congresistas, estábamos hablando del carrusel que se había creado a raíz de las generosas “palomas” que los principales les deben a sus amigos, generalmente para pagarles favores políticos.Naturalmente lo primero que hizo el Congreso fue restablecer esa práctica corrompida y corrupta: cuántos suplentes, sin haber cumplido ningún requisito de los que obligan a la gente honorable y trabajadora, se han pensionado con las desproporcionadas pensiones que se pagan a quienes no han cotizado el número de semanas que establece la ley general y que tampoco han llegado a la edad de jubilación.A esta información debe el Ministerio adjuntar otra sobre las pensiones otorgadas a los empleados de ambas cámaras y sobre los beneficios adicionales que congresistas y ‘socios’ le sacan al Estado y que seguramente se computan para calcular el monto de las mesadas.Además estoy convencido de que ‘in articulo mortis’ todos se casan con una joven pariente o con la amante para que ellas sigan disfrutando del exorbitante privilegio.Toda esa información está en la Contraloría, la Procuraduría y la Dirección de Impuestos, pero nadie -del Presidente para abajo- está dispuesto a ‘menealla’.Y ahora va saliendo la información, también ofensiva, de los abusos de los magistrados -parece que sobre todo los del Consejo Superior de la Judicatura- que nombran reemplazos que al cumplir un año (en uno o varios periodos) se pueden pensionar al mismo nivel de los magistrados-padrinos, sin ningún otro requisito.Antes de que se apruebe la Reforma Judicial, que ampara tanta porquería, el gobierno nos debería explicar porqué el CSJ, que era el villano de la película, resurge como héroe y porqué hay que aprobar una improvisada reforma que no hace honor al gobierno ni, por supuesto, al Congreso.Si yo tuviera 20 ó 30 años menos, estaría organizando a ‘los indignados’ colombianos en un país donde se baja la cabeza pensando que algún día uno puede ser el afortunado beneficiario de la corrupción.

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