Defensores de la patria

Noviembre 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Sí, esos son los militares perseguidos por una Corte asustada, por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o por las inestables izquierdas colombianas.Gobernar exige pantalones bien puestos y hace años, salvo por Uribe, nadie se los ha puesto. Excluiría yo a Pastrana quien hizo bastante a favor de las Fuerzas Armadas y no a Gaviria quien ordenó un torpe bombardeo contra Tirofijo, exactamente en el momento que no tocaba, esto es, en vísperas de la reunión de la Asamblea Constituyente.Gobernantes malos es lo que sobra en los últimos años y yo los tengo claramente identificados, sin que ahora sea el momento de entrar en honduras.Lo que sí entiendo es el asombro de mandos y tropa cuando los unos por haber cumplido con sus obligaciones constitucionales, y los otros por sentir que ha sido así, ven como el M-19 llegó a la Constituyente, al Congreso, a gobernaciones y alcaldías sin haber pisado cárcel alguna, mientras que los oficiales aguerridos y frenteros se comenzaron a podrir en ellas.Guerra es guerra, decía la monja de la historia, pero parece que nuestros magistrados, sentados en sus mullidas poltronas y desilusionando día tras día a los colombianos, no lo saben.Puede ocurrir, además, que sean cobardes y estén avergonzados (en el peor sentido de la palabra): démosle gusto a la plebe armada, a los actuales guerrilleros y exguerrilleros y a la izquierda también mediocre. Sigan con las togas puestas hasta que los echen después de perder alguna de las tutelas con las cuales se mantienen en los cargos mientras sus víctimas están en las cárceles y no serán recordados por todo lo bueno que han hecho pero los magistrados serán felicitados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que se ha transformado en un nuevo tribunal de instancia.Yo, que quise ser Presidente -no por delfín, que nunca lo he sido- sino porque hubiera sido feliz poniéndole orden a este país de segunda con funcionarios de quinta, después de purificar la administración de justicia, pondría en su puesto a la entidad internacional, que no debe intervenir en nuestros problemas internos, si es que hay un buen gobierno. Por supuesto, si no lo hay como ahora o como tantas veces en el pasado, y si no seguimos teniéndolos en el futuro, hay que aguantarse la impertinencia de la burocracia internacional.En resumen algo debe ocurrir (¿una amnistía como la que se dio a los paramilitares o se va a dar a las guerrillas -terroristas-?) que termine con el actual estado de cosas donde; como suele ocurrir en la historia de la humanidad, siempre pierden los buenos, comenzando por Jesucristo.***Mi artículo del 2 fue masacrado al ser editado el texto del Himno Nacional (tal como lo canta la gente porque la música la lleva a ello) y en lugar del “Oh, Oh gloria inmarcesible” que todos cantan, salvo Carlos Julio Ramírez, quitaron el doble “Oh” y además la ü de “viúda” que se arranca los cabellos y los cuelga de un ciprés, otro error pues si no se prolonga la u, “vi-ú-da”, no cuadra el texto con la música. Esto hizo que el texto fuera incoherente pero ya es tarde para las medicinas paliativas.***Y hablando de estas últimas tengo que decir públicamente, como creo ya haberlo hecho en el pasado, que soy cuasifundador de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, que cada día creo más en la bondad de lo que ella busca y que seguirá teniendo mi apoyo cuando lo requiera, más aún cuando estuve en su Junta durante muchos años.El derecho de disponer de uno mismo en las circunstancias que defendemos, no puede ni debe ser criticado por los católicos ni por los curas -como uno de Cali- que no son capaces de decir nada coherente sobre el tema.No puede ser homicidio, por obvia razones, ni nadie es propiedad de otro; piense el presbítero que Cristo, a sabiendas de que lo iban a crucificar, no hizo nada para impedirlo; fue una forma de eutanasia, sin duda.Espero algún argumento inteligente para poder polemizar sobre el asunto.

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