¿De mala fe, o por ignorancia?

Agosto 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Hay periodistas y directores de periódicos que pueden caber en alguna de esas dos categorías y que por descuidados o perezosos no se dan cuenta de que los periódicos siempre han sido y seguirán siendo una fuente importantísima para escribir la historia, décadas, años o siglos después de ocurridos los eventos a los cuales se refieren. Yo recuerdo a mi padre con los volúmenes de El Tiempo de los años 40 y 50, que amablemente le prestaban y que ya pasados sus 80 años de edad le ayudaban a precisar fechas y hechos de 50 años atrás.Siendo lo anterior cierto, suelo leer los periódicos y revistas con espíritu crítico y detectando los errores históricos en que incurren los directores que no revisan los escritos por pereza y negligencia culposa, o los revisan y prefieren dejar pasar errores que se acomodan a sus preferencias políticas o personales; por otro lado es notoria la superficialidad de los periodistas que conocen eventos y hechos de ‘oídos’ y los van repitiendo como loras sin nunca hacer, por perezosos, una investigación seria y ello incluye a ciertos cronistas.En cuanto a los columnistas que somos serios toca presumir por eso mismo, que obran de mala fe, lo que es imperdonable; así escribían los historiadores cavernícolas y católicos del Siglo XIX y primeras décadas del XX, como consecuencia de las presiones políticas que caracterizan el primero y especialmente aquellas posteriores a las guerras de 1860, 1877, 1885 y 86 y la de los mil días.Pero lo que ahora me molesta son los escritos que considero dolosamente difamatorios de la verdad y que requieren con urgencia un mea culpa: El Tiempo, en días pasados publicó una página sobre la sorprendente elección de López Michelsen como candidato oficial del Partido Liberal y justifica la derrota de Carlos Lleras Restrepo por el mayor prestigio de López. ¡Qué error tan grande! El cronista se comió la realidad que permitió la elección de López gracias a la peculiar y personal decisión de Lleras frente a las negociaciones manzanillas en la vida política; en efecto la crónica en cuestión es fidedigna hasta el momento en que Lleras regresa del Club de Abogados y se instala con Echandía, mi esposa y yo, en la Comisión Tercera del Senado.Hago un breve paréntesis para recordar que estuve cerca de la vida política del país desde 1948 y hasta 2010, pero nunca he recibido una llamada de plumífero alguno en busca de información de uno de los testigos presenciales que aún deambulan por esta tierra.Pues bien, el liberalismo en la Convención de 1974 estaba dividido casi por terceras partes entre los amigos de Lleras, López y Turbay (quien estaba en la Embajada de Londres donde no soltaba el teléfono cuando había situaciones que podían afectar su llegada a la presidencia en 1978, como en efecto ocurrió).Esa noche Germán Zea Hernández buscó a mi padre en la Comisión Tercera y por instrucciones de Turbay, su jefe en esa etapa de la vida, le hizo una propuesta que, al ser rechazada, cambió el curso de la historia: “Julio César envía conmigo una propuesta; si aceptas cambiar el orden del día de la sesión de elección y poner de primer punto la elección de Jefe del Partido (el mismo Julio César) y en segundo lugar la del candidato, dará instrucciones para que todo el Turbayismo vote por ti, con lo cual serás elegido candidato”.Después de meditar y sin oír a nadie, lo que tanto mortificó a Alberto Lleras quien esa noche -después de la derrota- comentó que la política no podía hacerse a patadas, por lo cual duraron varios meses sin volver a hablar, le dijo: “Germán, y nosotros hemos sido amigos por 40 años y tu sabes que yo no negocio en política; si Turbay y sus amigos creen que puedo ser un gran presidente que voten por mi sin condiciones”. Germán molesto se retiró y llamó a Turbay por la extensión de la Secretaria de la Comisión; sin saberlo, mi padre me pidió que llamara a mi madre para avisarle que nos demorarías en llegar, pero cuando levanté la bocina, Germán todavía narraba lo ocurrido a Turbay quien le dijo: “Lamento que haya sido así pero habla con López y hazle la misma oferta”.Así ocurrió, López aceptó, se cambió el orden del día y Lleras fue derrotado. Como puede verse, no era un asunto de prestigio sino de manzanillos y tal cual debería ser registrado para la historia y no como se ha hecho en El Tiempo. ¿Será Pombo capaz de rectificar?

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