Curiosidades y coincidencias

Curiosidades y coincidencias

Julio 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

La compra intuitiva de libros da lugar a leer libros curiosos y bastante desconocidos y otros que se complementan en forma misteriosa.Debo aceptar que también, de vez en cuando, algunos libros resultan (para mí) mediocres y publicados de carrera para solventar una falta de liquidez, no extraña a los intelectuales si es que no han recibido el Premio Nobel o aparecen en la lista de los más leídos del New York Times pues las listas colombianas no son muestra de nada en un país donde el índice per capita de lectura es de 1,8 libros por habitante.Algo así me ocurrió con Leonardo Padura, uno de mis recientes errores del cual culpo a su magnífico libro ‘El hombre que amaba los perros’; en esta última ocasión me guié por los comentarios de contraportada y otros más independientes: se decía en éstos que la vena literaria del cubano arrancó con sus siete novelas policíacas, y me lancé a comprar y leer las dos primeras: ‘Pasado perfecto’ y ‘Vientos de cuaresma’, con supremo esfuerzo y aburrido del lenguaje precoz en el que están escritos.Mi conclusión es que los dos libritos debieron ser escritos en un momento de penuria económica y para salir de la iliquidez total; todavía me pregunto si es el mismo escritor que alabé con entusiasmo hace algunas semanas, pero parece que sí. ¡Qué pesar!El otro libro de esta compra irracional fue ‘La Culpa’ de Ferdinand Von Schirach, inteligente, grato de leer pero no me pareció particularmente interesante aún cuando el autor es persona de inteligencia superior que como abogado menciona casos y conoce soluciones de gran jurista y de indiscutible lógica.Caí en otro error: de Robert Louis Stevenson, el inmortal autor de ‘La Isla del Tesoro’, del ‘Club de los suicidas’ y de otras novelas que no he leído. Se publicaron sus ‘ensayos sobre viajes’ que llevan el título de ‘Viajar’ y que en buena parte están dedicados a sus recorridos por Escocia, son atractivos pero siendo la belleza del idioma parte esencial del contenido, no se debe leer sino en su idioma original. La verdad es que no tengo especial interés por conocer los detalles y las descripciones de los paisajes de un viajero impenitente y, ¡me aburrí! Lo leí completo por razones de disciplina y de rigidez, pero podría decir que me arrepentí.Ya he mencionado otras publicaciones, esas si interesantes o divertidas, como ‘Los colombianistas’ (de la Academia de Historia) y las ‘Historias de la segunda guerra mundial’, de Jesús Hernández.Han aparecido otras publicaciones que menciono para quienes se interesan en la cultura: la Universidad Jorge Tadeo Lozano sacó una cuidada edición sobre su vida y desarrollo físico, que está centrada, obviamente, en los dos edificios que construyó Bermúdez, lo que no es históricamente cierto: el desarrollo lo inició el doctor Fabio Lozano y Lozano con su hábil constructor de cabecera, Karanauscas, y los primeros inmuebles que se compraron y tumbaron para dar paso a nuevas construcciones que son la base del desarrollo.Obviamente olvidaron que yo reemplacé al doctor Lozano a su muerte y continué su labor en ese campo, con la compra de otro lugar infecto, el teatro California, que convertimos en el primer auditorio de la Universidad; el pequeño edificio -que aún subsiste- sobre la Carrera 4ta, y varios inmuebles dedicados a la prostitución masculina y femenina que curiosamente se encontraban, pared de por medio, ¡con la sede del Bienestar Estudiantil!Pero el olvido imperdonable por excelencia fue el de no incluir en el libro de marras la casa (biblioteca y museo) que compró la Universidad a la muerte de mi padre, junto con su biblioteca. La casa per se, es histórica: con la complicidad del encargado de la presidencia (Roberto Urdaneta Arbeláez), del Alcalde de Bogotá (Manuel Briseño Pardo) y del Comandante de la Policía (General San Juan) los agentes de policía y los empleados del municipio la redujeron a cenizas (con todas nuestras pertenencias y la hermosa biblioteca de mi padre) pero además -ya reconstruida- es de conservación.La omisión me hace pensar que los últimos rectores y a los Consejos les incomoda la casa y no la usan para nada: tanto que no la incluyeron en el citado libro.

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