Cultura y toros

Marzo 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

En otro recorrido por mi biblioteca, que sigue siendo importante y variada pese a haber yo donado más de 2.000 volúmenes, me topé con otro libro de mi querido y nunca olvidado amigo Ramón de Zubiría, quien mucha falta me ha hecho para oírle sus anécdotas, recitar a Machado, cantar boleros y hablar de historia y de literatura. Fue publicado en 1998 por el Instituto Caro y Cuervo conjuntamente con la Universidad de los Andes de la cual Ramón fue rector y profesor por muchos años.La Dignidad del Coraje es el nombre del volumen que recoge numerosos artículos sobre variedad de temas y que, según se aclara, no tiene fecha porque buena parte de ellos corresponde a conferencias dictadas por el maestro de maestros. Carlos Angulo, rector de los Andes, e Ignacio Chávez, Director del Instituto, dedican la publicación a Carmencita, su adorable esposa y constante compañera.Por cierto, que nunca he encontrado a nadie que hable mal de Tito (como le decíamos sus amigos), así como tampoco él lo hizo de persona alguna, salvo tal vez de Abelardo Forero quien le interrumpía continuamente sus exposiciones en la televisión que eran, por cierto, un curso de historia y literatura, para no decir “de humanismo”, en la época cuando la programación de nuestros canales nacionales era pobre, auncuando no peor, por cierto, a la actual. Al revisar sus escritos encontré que, como a muchos nos parece obvio, se ocupó de los toros, los toros bravos que sólo existen en función de las corridas, sin perjuicio de pensar que todos los toros son bravos, salvo el bueno de Ferdinando el cual tuvo la suerte de no ser enviado al matadero auncuando nunca embistió en la plaza y el cual, deduzco, no había sido objeto de tienta alguna en La Holanda.Al lado de sus “aproximaciones” a Luis Carlos López, el de los zapatos viejos, a Rodríguez Freyle y el Carnero, a Tomás Carrasquilla y a sus cuentos y fábulas, a Rojas Erazo (a quien poco conozco), a Fray Luis de León y su famoso poema que nos obligaban a memorizar en el colegio, a Cervantes sobre quien nada puedo agregar, a Machado y ese hermoso cuartelo que mi padre recitaba con emoción (Y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar me encontraréis a bordo, ligero equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar), a Jorge Guillen, Dámaso Alonso y Pedro Salinas (que con Machado conformaban el repertorio favorito de Zubiría) y así otros temas sobre el arte y cultura en los cuales era maestro.Entre ellos encontré aquel sobre la Dimensión Cultural de la Tauromaquía. Comienza el autor por enunciar que va a escribir sobre los toros “como expresión cultural” y que hará una aproximación “a la riquísima expresión cultural que los toros han tenido en el campo de las artes: en la literatura, la música, la escultura, etc…”.Por ello dice sin esguinces, que “no comparte la tesis de quienes -todavía “conciben a los toros como una de las expresiones de barbarie, de salvaje insensibilidad por los animales”. (Por cierto que mi cerebro, al igual que el móvil y el computador, tiene iniciativas inconsultas: leer a Machado me trae a la cabeza al Dante en la Laguna Egea; al maestro José A. Morales a quien rendimos homenaje en el Socorro -su ‘pueblito viejo’- al son de 200 tiples y guitarras y, quien lo creyera, a Jorge Negrete con su México Lindo y querido que en su entierro entonaron más de 400 mariachis en la época en que vivíamos en el Distrito Federal por fina atención de nuestro pirómano gobierno). Bueno, se acabó el espacio pero en la próxima semana me ocuparé del tema pues las palabras de un hombre de ese nivel cultural e intelectual vienen a fortalecer la posición de quienes -como yo- no creemos que se deba acabar con las corridas ni salir a hacer el escándalo que se ha hecho frente al asesinato de tanto menor de edad y de tantas mujeres, hechos que no generan manifestaciones de rechazo.

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