Cultura y libros

Abril 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Suelo aprovechar los primeros meses del año para hablar de ciertos libros pues la época de Navidad y el período de vacaciones que la siguen son propicios, tanto para recibir buenos obsequios, como para sesiones largas de lectura intensiva.Pese a que pueda resultar prosaico, a comienzos de diciembre envié un correo electrónico al núcleo ‘familia’, que reúne el máximo de donantes ya sea de libros, ya de bonos para adquirirlos. En la forma más ilustrada posible les informe a mis hijos y nietos que si alguno tenía un irreprimible deseo de hacerme un obsequio, sugería varios; la estrategia fue buenísima y mis sugerencias fueron acogidas en forma notable y es así como tengo en mi biblioteca 10 ó 15 títulos nuevos que ya comencé a atacar.Entre las novedades se coló un libro interesante aun cuando algo farragoso que escribió Matilde Assenssi sobre un tema de arqueología en Bolivia que al mostrar cierta erudición la mezcla con Dan Brown y con las aventuras de alguien muy parecido a Indiana Jones. Pese a este salpicón la novela resulta distraída. En otro campo, el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario publicó, el ‘Informe Final de la Comisión de la Verdad sobre los hechos del Palacio de Justicia’; en casi 500 páginas encontrará el lector el mejor y más completo análisis de esos trágicos hechos. Pienso que todos los políticos, los periodistas y los columnistas tienen una cierta obligación de conocer este libro que leí con profundo interés.La biografía de ese sanguinario personaje que fue canciller de Enrique Octavo, Thomas Cromwell (antepasado de otra figura famosa de la historia, Oliver Cromwell, quien hizo decapitar al rey de Inglaterra como anticipo de lo que sería el final de Luis XVI) es obra apasionante y nos describe algo que ya el público conoció en forma novelada en la serie Los Tudor, que presentó la Tv. por cable: la crueldad, la corrupción de la clase dirigente inglesa en los siglos XV y XVI y la casi desaparición del régimen ‘democrático’ que se había conseguido con la firma de la carta magna por Juan sin Tierra en 1215.El Editor es una novela macabra que con gran inteligencia nos va destapando Thomas William Simpson en forma tal que hay que leer la obra en un solo día pues resulta imposible soltarla; el 26 de diciembre fue una fecha adecuada para hacerlo y recomiendo que la gente trabajadora no se lance en vísperas de un día laborable pues llegará tarde a su oficio.Al quedarme sin libro en Cartagena, ataqué la Ciudad de Oro y Plata que despaché en una tarde y una noche y que me acabó de convencer de que los ingleses le han hecho daños irreparables a la humanidad: Irlanda, Sudáfrica e India son ejemplos de la arrogancia, estupidez y engreimiento que los ha caracterizado durante su historia y Kenizé Mourad nos lo muestra así en toda su ofensiva realidad.‘El Fin del Mundo’, de Haruki Murakami, es otro libro que impide parar de leer; el desarrollo es magistral y la forma como su personaje construye el mundo en que anhela vivir, es emocionante.‘El Enigma de los Romanov’, de Steve Berry, es otra novela distraída y la adquirí al recordar que hace pocos años vi la tumba de Nicolás II, su familia y sus acompañantes, en la Iglesia de Pedro y Pablo en San Petersburgo: todos los restos están confundidos por razones políticas u otras, pese a lo cual aún muchos sostienen que hay descendientes directos del último Zar aun cuando las pruebas de ADN nunca han sido positivas.En fin, logré en cinco o seis jornadas arduas engullir y digerir ‘El Cementerio de Praga’, obra bien difícil de leer, pero de enorme interés y plagada de conocimientos culturales. Ello me sirvió para gozar casi de corrido, en dos noches, ‘El Sueño del Celta’, de Vargas Llosa quien nos recuerda los horrores de ese gran monstruo que fue Leopoldo II de Bélgica y cómo se robó esa pobre nación y hace el paralelo sorprendente entre el Congo del Monarca y el Putumayo y la Amazonía de la Casa Arana. ‘El Profesor’, de Katzenbach, me desveló varios días y Thomas Bernhard me fatigó otros tantos con su Hormigón del cual me vengué con la chismografía de ‘Los clásicos también pecan’, que se pasea por la vida de diez grandes músicos especulando sobre sus debilidades y aventuras sexuales que Fernando Argenta ha investigado sin piedad, pero como todo lo bueno tiene su castigo, estoy arrancando con la autobiografía de ¡George W. Bush!

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