¿Cuántos sinvergüenzas y corruptos?

¿Cuántos sinvergüenzas y corruptos?

Noviembre 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Después de haber leído noticias variadas y hasta contradictorias sobre los candidatos a gobernaciones, alcaldías y concejos municipales o distritales (a nadie le importan los diputados a las Asambleas Departamentales, salvo cuando los secuestran), muchos quedamos bastante desorientados e incapaces de reconstruir el proceso electoral.Había variedad de casos: en el primer grupo están quienes legalmente no podían inscribirse por estar presos, previa condena, a quienes suponemos se les canceló la inscripción aun cuando la Corte anuló la elección de los magistrados del Consejo Electoral por ilegalidad del proceso de su elección (¡).El segundo grupo lo componen los presos aún no juzgados, que supongo que fueron elegidos en desarrollo del principio de la inocencia, que en este caso lleva a que si no los condenan puedan asumir el cargo y si los condenan, se recurrirá al procedimiento ya conocido de nombrarles reemplazo. Hay que ver qué votación obtienen estos sospechosos para tomarle el pulso a los valores de los colombianos, que no creemos que esté muy regular, dada la corrupción rampante y la falta de moral y de ética del grueso del país, comenzado por los grupos que postularon a tan horrendos candidatos y, obviamente, por los partidos políticos que avalaron la inscripción.En tercer lugar, están los corruptos que todo el mundo sabe quienes son, pero a quienes no ha alcanzado la mano de la ciega justicia y por lo tanto se presume que son valiosos miembros de la comunidad. Los vergonzantes partidos políticos que han avalado tanto bandido y que se arrepintieron de ello, pero tarde, deberían tener que responderles a los colombianos por tan despreciable posición. Además del PIN, cuyos candidatos casi siempre triunfantes ya no sorprenden a nadie, pero cuyos nombres y los de sus padrinos deberían prender las alarmas de la policía judicial, debe haber cientos de elegidos que el Ministro del Interior y los medios de comunicación pusieron en evidencia y lo que seguramente no evitÓ su postulación.¿Qué puede pensar el ciudadano normal, no contaminado (todavía) de la podredumbre que invade el país? ¿Cómo pueden explicar los partidos y movimientos haber avalado la inscripción de tantos bandidos? ¿Qué pueden opinar los congresistas y los políticos en general, sobre el saqueo metódico de las arcas de departamentos y municipios, de los homicidios contratados por servidores públicos con sicarios y sobre otras desgracias semejantes? NADA, pues perdieron todos la autoridad moral, si es que alguna vez la tuvieron.Tengo la sensación, y ojalá esté equivocado, de que nadie lleva un archivo de todas las denuncias que periodistas valerosos y otros colombianos honestos hacen cotidianamente sobre la corrupción, denunciando con nombres propios a todos los servidores públicos corruptos y a sus cómplices, ciudadanos del común.La actividad investigadora tiene que tener eco, pero las autoridades se dan el lujo de despreciarla y, en general, no explican por qué no investigan las denuncias públicas, dejando en la nefasta impunidad las actividades delictuosas de tanto vagabundo, que sigue contribuyendo a afear la ya triste imagen de Colombia.Se me dirá que Colombia es pasión y que ahora va a ser otra cosa, pues ese sentimiento ya no convoca a nadie. Desde cuando se escogió algo tan absurdo e indeterminado, tal vez en la primera administración de Uribe, señalé que le habían robado el logo al Banco de Occidente (o el Estado le estaba haciendo propaganda) y que nadie sabia ‘pasión’ por qué, por quién o para qué; se agotó la frasecita y nos quedamos en babia pese a que algunos pensamos que era por robar en las variadas formas en que aquí se hace.

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