Crisis del catolicismo: el cismo de 1942

Crisis del catolicismo: el cismo de 1942

Noviembre 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Tal como lo anuncié, hoy estoy comentando un conflicto que pocos conocen y que es de enorme interés para comprender la posición de la iglesia en Colombia y su dañina, (para ella y para Colombia) intervención en las luchas partidistas, siempre de la mano de los conservadores fanáticos que usaron y abusaron de la religión para obtener resultados electorales favorables a su doctrina retardataria.Si recordamos lo ocurrido desde la Colonia, sabemos que la Conquista se hizo con la espada y la cruz, tal como fue el comportamiento de las Órdenes de Caballería (San Juan Hospitalario, Teutones, Templarios y cruzados en general) en las matanzas que ahora nos cobran los musulmanes pues esos mercenarios de la religión, empujados por los Papas cubrieron de cadáveres el Medio Oriente en su intento fallido de “rescatar” el Santo Sepulcro lo que, además, llenó a Europa de basura, entendiendo por ella todas las falsas reliquias que ‘Santa’ Helena, madre del Rey de Francia, recogió en Palestina y distribuyó generosamente por la toda cristiandad: pedazos o astillas de la Cruz, que sumadas todos los que aún están en tantas iglesias, conforman un verdadero bosque; trajo también, como jocosamente lo cuenta en el libro Las llaves de San Pedro el escritor francés Roger Peyrefitte, el Santo Prepucio y baratijas al por mayor que incidieron en su canonización y en la de su hijo ‘San’ Luis.Volviendo a nuestro país, nada más grotesco y turbio que presentar una cruz a unos indios que tenían sus propios dioses y que, naturalmente, no entendían el español que yo, gracias a que a los habitantes de Iberia se les ha enredado la lengua, tampoco logro entender, razón por la cual no puedo ver películas producidas por nuestros “descubridores”.La iglesia, en todo el mundo, se alió con los poderosos (políticos y grandes terratenientes) y vio sin inmutarse como eran despojados de sus tierras, sus dioses y sus familias, los naturales de este lado del mundo. Y esa trinca malévola existió hasta bien entrado el Siglo XX cuando los curas entendieron por fin que estaban perdiendo adeptos y que sus alianzas históricas causaban grandes daños a las clases populares.En las guerras civiles del Siglo XIX participaron los católicos y sus pastores entusiasmando a los conservadores con la obtención de la vida eterna y decretando desde los púlpitos que los liberales estaban de antemano condenados al fuego eterno.Cuando, y después de la batalla de La Humareda, cae el Partido Liberal y con él la Constitución radical de 1863 Núñez, que ya había hecho suficiente daño escribiendo los horrorosos versos que sólo los conservadores podían transformar en el Himno Nacional después de que el pobre músico toscano, Oreste Sindici, logró ponerle música de pie forzado: ¡Oh gloria inmarcesible, Oh júbilo inmortal!; o bien: “la virgen sus cabellos arranca en agonía/ y de su amor viuda los cuelga del ciprés (ojo a la diéresis).Como contaba algún viajero que visitó el pueblo donde nació el eternamente desconocido músico, el Alcalde explicó que no era para premiar su calidad de músico, sino la pericia que había demostrado al ponerle música a unos versos malísimos e incoherentes, que según el último estudio, tiene como resultado el que el himno de Colombia haya sido catalogado como el 35 más feo del mundo, el mismo que la arrogancia colombiana clasificó como el segundo más hermoso del mundo, eso sí después de la Marsellesa y antes de el de Alemania cuya música compuso Haydn.Por todo eso estamos como estamos y si tanto nos gusta ese humilde himno, ¿Por qué no gustar de un presidente como Santos?

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