Cosas de antaño

Cosas de antaño

Diciembre 12, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Todos los días leemos en los diarios que Colombia está retrasada y muchas veces el retraso es creciente como el caminar del cangrejo, en todas las mediciones habidas y por haber: corrupción, pobreza, administración de Justicia, calidad de vida, educación superior, etc... Por ese camino llegamos a estar por debajo de México, Brasil, Argentina, Chile y en varios casos de Venezuela, Perú y Costa Rica.Al lado de estas deprimentes mediciones hechas por entidades internacionales aparecen noticias macabras sobre violencia ejercida sobre mujeres y niños, el apogeo de los sicarios, falsos positivos y crímenes atroces y odiosos cometidos por miembros de la Fuerza Pública, o de la Iglesia Católica, o por concejales, alcaldes, gobernadores, congresistas, contratistas del Estado, en fin, la debacle.La impresión que se tiene, con gran frecuencia, es la de que el país le quedó grande a nuestros prohombres de reciente cuño y que el poder del mal triunfa con frecuencia cuando la gente de bien trata de arreglar esta problemática.Pese a que nunca puede decirse que todo tiempo pasado fue mejor para no incurrir en el pecado del ilustre científico español Ramón y Cajal que crítica con rudeza a Picasso, a sus contemporáneos e inclusive a Cezanne y al Greco por haberse apartado de los límites y medidas exactos que la Academia imponía a los artistas, o a pronunciarse con verdadero horror sobre el uso del avión que ya reemplazaba en 1930 los plácidos ferrocarriles y a los navíos de alta mar, no hay más remedio que comparar con serios fundamentos lo contemporáneo con felices épocas pasadas cuando, por ejemplo, había pobres, pero no los mataban guerrilleros y paramilitares y no se había popularizado como medio de enriquecimiento rápido, los grandes desplazamientos de pequeños propietarios en beneficio de viejos y nuevos terratenientes.Por estas razones, entre otras, he estado revisando las actas del Congreso de 1821 el cual nos dio una Constitución importante, especialmente porque de ella nació la Gran Colombia que los politiqueros, los caciquillos y otros microbios nocivos se encargaron de acabar en un proceso que llevó, además, al atentado de 1828 contra Bolívar, a la dictadura venezolana y a la guerra de 1831, pero dejó un legado importante en materia de legislación y de probidad de los legisladores, que se encuentra de bulto en las realizaciones de 1821.Además de una nueva Constitución, se aprobaron en 5 meses y 6 días de trabajo constante numerosas leyes que trataron sobre los más diversos asuntos: libertad de los esclavos, naturalización, ley y peso de la moneda nacional, impuestos, fomento de la marina mercante, regulación del comercio exterior, confiscación de bienes de España y de sus nacionales, reglamentación de los baldíos nacionales, secuestro y confiscación, orgánica del papel sellado, eliminación del tributo de los indígenas, negociación de empréstitos externos, organización del Ejército, división territorial, libertad de imprenta, regulación de la inquisición, eliminación de conventos de órdenes menores, emisión de moneda de cobre, juicios ante el Congreso de los altos funcionarios, leyes orgánicas de educación, régimen monetario, elecciones, estanco del tabaco, reformatoria del impuesto de alcabala, obligación de los padres de enviar a los niños a la escuela y muchos otros asuntos que hacían del país, poco después de la batalla de Carabobo, un Estado de Derecho.Hemos tratado de resaltar unos pocos temas de importancia y actualidad como la defensa de nuestra marina mercante, la protección de los ciudadanos contra los abusos del Presidente de la República y el mazamorreo, pero nos quedan para un futuro no demasiado lejano las leyes sobre baldíos, precursora de la ley 200 de 1936 y de la 131 de 1960 y la de manumisión, inexplicablemente archivada como si la ley que promovió José Hilario López no hubiese tenido antecedentes importantes que se remontan a 1814.

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