Conflicto de intereses y Nicaragua

Conflicto de intereses y Nicaragua

Abril 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Otro de los aspectos negativos del país es la ‘desaparición’ de los conflictos de intereses, no porque no se den y con nefasta frecuencia, sino porque ni los que en ellos incurren creen que ello está mal y para los medios de comunicación, las corporaciones públicas, las cortes mismas y, en general, el gobierno, son pequeñeces sin importancia.Últimamente he leído noticias sobre algunos, que después de publicados por ‘valerosos’ periodistas dejan de existir. El caso de un secretario del gabinete de Peñalosa es lamentable: claro que está incurso en un claro conflicto pero como ahora se trata es de lavar la imagen, su jefe y sus amigos lo tranquilizan; no hay conflicto, y todo el mundo tan contento.Cuando hay un conflicto de intereses por mala fe de cualquier individuo, debería existir la posibilidad de inmediatas destituciones pues por deshonesto que sea el que en él incurre, sabe claramente que incurre, que su escala de valores morales se está desplomando y que ha perdido la poca ética que le quedaba. Por lo tanto el apoyo de sus iguales no lava el pecado sino pone en evidencia a quienes carecen también de posturas éticas. He leído también entrevistas y discretas notas sobre un tal Vargas que hubieran dejado súpitos a sus parientes ya fallecidos. Recuerdo que cuando fue elegido presidente Alberto Lleras y por petición de su esposa, envió a su inteligentísimo hermano Felipe al consulado de Buenos Aires, con prohibición de volver durante cuatro años. No era él negociante ni traficante de influencias, ni amigo de bandido alguno, sino sólo alcohólico e imprudente. Virgilio Barco sacó del país a su hermano Jorge, cuyos desatinos no voy a mencionar ahora.Hay otros casos como el mío, pues opté por cerrar mi oficina, recientemente abierta y en proceso de crecimiento, y ello ocurrió recién pasadas las elecciones de 1966, de modo que cuando mi padre me llamó para sugerir que era conveniente cerrar la oficina, tuve el gusto de informarle que había logrado conseguir un puesto en la Flota Mercante Grancolombiana, fuera del país, para mejor tranquilidad de todos.Nadie contó en ese momento con la astucia de un gozque samario, calumniador, fanfarrón y deshonesto que trataría sin éxito de enlodar una familia y un apellido impolutos, por lo menos en cuanto a mi rama de la familia corresponde.El doctor López Pumarejo no pensó en esto y Laureano Gómez lo tumbó en 1944; Olaya Herrera no tuvo hijos hombres y Eduardo Santos tampoco y ninguno de sus familiares dio pábulo para que se le molestase. Rojas Pinilla no requiere más crónica y Álvaro Uribe la está necesitando.No me extiendo más pero la casi totalidad de los presidentes a partir de 1970 no aguantarían el examen final en el Valle de Josafat.Además ha habido en muchos gobiernos, incluido el actual, una ineficacia, una incompetencia notoria que ha afectado a los presidentes a partir de 1994 cuando se inicia la tragedia de nuestra delimitación marítima con Nicaragua; por supuesto que de refilón caen bajo la critica todos los ministros de Relaciones Exteriores, los congresos y la Comisión de Relaciones Exteriores donde tienen asiento varios eminentes expresidentes y los expertos que resultaron no serlo, ni los unos ni los otros.Los que si conocían el tema fueron apartados de él para dar espacio a asesores ineptos, como los que acaban de participar en nuestro último drama. Si Juan Daniel Jaramillo, Alberto Lozano Simonelli, Germán Cavelier hubiesen sido escuchados en su momento, nos habríamos salvado de esta humillación que en países de régimen parlamentario hubiese implicado la caída del gobierno y la renuncia del presidente de turno, y posiblemente la muerte política de todos los culpables. Como en Colombia nadie es responsable de nada nuestros costeños caribeños navegaran o nadaran sobre la plataforma extendida de Nicaragua que estará a mitad del camino entre Cartagena y San Andrés.

VER COMENTARIOS
Columnistas