¿Castramos los canarios?

Diciembre 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Ahora que se está perdiendo el uso de los idiomas, aquellos que conocemos con los nombres de inglés, francés, alemán, italiano y español, cuyo hermoso vocabulario ha venido siendo reemplazado lenta e imperceptiblemente (como el aluvión) por los trinos de unas aves, fundamentalmente de los canarios, vienen a mi mente distintos recuerdos de cuando los animales lo eran y los seres humanos (Bossuet, Churchill, Demóstenes, los Lleras y muchos más) pronunciaban oraciones (El Sermón de la Montaña) y eruditos, amenos e inolvidables discursos.El primero y más reciente es el de una queridísima amiga por quien -con seguridad– el cantar del solitario canario de su comedor, cesó el mismo día y a la misma hora en que su dueña exhaló el último suspiro.Siempre oí decir que el canario, cualquier canario, debe estar enjaulado solo y así permanecer hasta su muerte, llamando durante todas las mañanas soleadas o no, de nuestra hermosa sabana de Bogotá, a su compañera, cuya presencia lo habría enmudecido como a cualquier hombre la presencia de una hermosa mujer.En varias ocasiones y especialmente durante un memorable desayuno, me extasió la música de esta triste y solitaria ave: no sé si se me recordaba a Mozart o a flautas del gran barroco de los siglos XVII y XVIII.Con frecuencia me acordé por asociación de ideas de los grandes castrados de esa época, a quienes se sometía a esa degradante operación para que conservaran sus finas y melodiosas voces; así perduraron por muchos años los coros de la Capilla Sixtina y así nació la generación de los ‘castrati’, uno de los cuales y el más conocido, fue Farinelli. Numerosas obras se escribieron para él, tales como las de Porpora, Hasse, Broschi, Giaomelli y Gohppi que hoy interpretan mezzo-sopranos. Señalemos que según la leyenda Farinelli se suicidó, pues no era asexuado pero no pudo conocer el gozo del sexo.Otro gran repertorio que muestra la importancia de los castrados es, entre otros, los de Glück, Vivaldi, Allegri y Charpentier y los de las época del cardenal Mazarino: Cazzatti, Frescobaldi y Roberday, Luma, Monteverdi y Rossi.En la época moderna el repertorio ha sido conservado por maravillosos contratenores que tienen esa voz aguda sin haber perdido parte alguna de su anatomía: Andreas Scholl, Michael Chance y Philippe Jaroussky, a quienes he tenido el gusto de ver y oír.Pero como decía Voltaire, “retournos à nos moutons”; los eunucos que habían sufrido la misma operación que Farinelli y sus contemporáneos, no sólo no cantaban sino que a veces se les cortaba la lengua -no sólo por razones claramente eróticas- sino porque eran los guardias del Serrallo en donde los sultanes y el Gran Turco almacenaban a mujeres jóvenes y hermosas, junto con las ya viejas y gastadas.Los eunucos respondían con la vida por la pureza de las favoritas, aun cuando siempre he tenido la sospecha de que no podían impedir las relaciones homosexuales entre ellas. De todos modos, si tampoco sabían escribir y no podían hablar, los secretos morían con los fuertes y sacrificados servidores.Sea este el momento de rendir un homenaje a Mozart y a su opera El Rapto del Serrallo, una de sus primeras con libreto en alemán; Constanza, prisionera del Pashá Salim no está vigilada por temibles eunucos y al final escapa con su amado Belmonte. El generoso Pashá es, en la grabación que yo tengo, Curd Jürgens (a quien tuve el gusto de conocer en la cena de Navidad en Gstaad ¡hace ya 43 años!)Los canarios no se masturban y si lo hicieran no cantarían; la pérdida de la próstata no impide las relaciones. Se podría, eso sí tal vez y por la paz del país, castrar los canarios que tanto trinan y que no parecen tener motivos para cantar. Otra reforma constitucional.

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