Cambio de guardia, sin tema

Agosto 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Llegó el 7 agosto y para un columnista objetivo resulta particularmente difícil escribir para publicar al día siguiente de la posesión de Santos y, ojalá, el del final de la era de Uribe quien insiste en dejar a última hora hechos cumplidos (licitaciones, peleas, etc.) sin elegancia alguna como era de esperarse del cacique del Ubérrimo.En cuanto a Santos se refiere, y he de obligarme a ser parco para no pasar por lagarto, lo que en ésta época resulta popular y que atrae a multitudes hambrientas de una brizna de poder, no puedo comentar su discurso, aun cuando hacer promesas siempre es fácil. Pero sí debo reiterar mi opinión en el sentido de que comenzó bien y que, en general, todos los nombramientos son buenos y han sido recibidos con agrado por la gran mayoría de la gente pensante.Si Uribe sigue el consejo de The Economist y se radica por cuatro años en el extranjero, como es deseable, dejará sin tema a todos sus críticos que pondrán la lupa sobre el desempeño del gobierno. Si Uribe se queda en una casa fiscal de la policía (son buenas y las conozco) y guarda silencio, la situación será la misma; pero si se empeña en cogobernar será un constante problema que creará severos conflictos, lo cual no es justo ni decente para el país; ojalá no sea así.Ha sido hábil Santos al hacer sus nombramientos ‘graneaditos’, como antes se decía; de hecho, cuando escribo este texto no se conoce el nombre del Ministro de Comunicaciones (¡Tercer canal y satélite colombiano!) y talvez está esperando acabar del todo con el cordón umbilical que lo une a Uribe, a su familia y a El Tiempo-Planeta, RCN y Caracol. Ya se verá.Terminemos entonces diciendo que como colombiano estoy satisfecho con la conformación del equipo y que éste, y seguramente el texto del discurso de ayer, permitirán concluir con una frase medianamente apocalíptica: si Santos logra que su ambición de pasar a la historia como un gran presidente sea mayor que sus instintos congénitos de hacer marrullerías y maldades, tendremos un buen gobierno, y esos son mis mejores deseos. ***Parece oportuno en estos momentos de celebración del Bicentenario traer cortamente dos temas: la exposición del Museo Nacional, y la Opera Bolívar, de Thea Musgrave.La primera es novedosa e implica una revisión de nuestros viejos y acartonados conceptos sobre la independencia; no es ortodoxa, como dirían Henao y Arrubla, y por ello se aleja de la historia oficial que por generaciones se enseñó en Colombia. Decir que el 20 de julio de 1810 no hubo Grito de Independencia sino la instalación de una Junta para defender, frente a Napoleón, el gobierno ‘legítimo de Fernando VII’ es tan obvio como apoyar a Darwin frente al génesis y su manida historia de Adán y Eva. Y hacer a partir de allí un desarrollo que pone de relieve la falacia de hablar de igualdad en un país donde 200 años después reina la desigualdad y la exclusión, es algo que alabo y que se cae de su peso. Ya volveré sobre el tema.Dentro de este orden de cosas, he recordado que hace pocos años y en esta columna hice una reseña de la Opera Bolívar de Thea Musgrave, que se presentó por primera vez en Richmond (Virginia) en enero de 1995 y a la cual concurrí como Embajador de Colombia, invitado por la Opera de Virginia.Es una obra controversial e interesante, aun cuando musicalmente no me emocionó de la misma manera que históricamente no lo hizo con el Embajador de Venezuela que estaba conmigo.Si dentro de estas festividades se quiere retomar el tema, los interesados se pueden poner en contacto conmigo. Si en la Opera de Colombia leyeran la prensa, tal vez hubieran programado algo novedoso como esto y no (¡otra vez!) La Traviata.

VER COMENTARIOS
Columnistas