Búfalo Bill, los indios y la caballería

Junio 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Técnicamente hablando, en Estados Unidos no había búfalos sino bisontes, que eran los animales que tenían dos peculiaridades: una extraña tendencia al suicidio pues si el líder caía de un peñasco, toda la manada lo seguía; la segunda, es que los indios incendiaban las praderas o de cualquiera otra manera asustaban la manada que salían al galope, obviamente hacia donde se encontraba nuestro héroe, que se salvó siempre abriendo un hueco (una especie de tumba) donde se refugiaba cubierto siempre con una piel de bisonte, de modo que esos enormes y peligrosos mamíferos se desviaban ligeramente para no pisar la piel de su congénere.Como no había búfalos sino bisontes, lo que hacía que el ‘coronel Cody’ hubiera debido llamarse Bison Bill, lo cual no imponía respeto alguno; los zoólogos resolvieron que los bisontes en Norteamérica se llamaran búfalos y así solucionaron el problema lingüístico, ya acogido por la Academia de la Lengua.Ahora bien, hay otra dificultad para vencer y terminar este escrito: los indios, según el diccionario, son los habitantes de la India pero también de las indias occidentales y ahí caemos nosotros de modo que nuestros aborígenes son indios, palabra que se volvió peyorativa, supongo que por cuenta de los terratenientes, esos que acabaron con la reforma agraria y que son los culpables de la existencia de las guerrillas, de los paros campesinos y de los bloqueos de los indios.Como los colombianos son casi siempre miedosos y cobardes, resolvieron entronizar la palabra ‘indígenas’ y así los medios, los eruditos empleados públicos y mucha otra gente, se tragó el sapo, como se lo viene tragando en otras materias.Según el diccionario de la Real Academia Española, ‘indígena’ es una persona “originaria del país de que se trata”, es decir que todos somos indígenas de Colombia; ahora bien, el diccionario nos dice que ‘indigenismo’ es el “estudio de los pueblos indios iberoamericanos” y “el partido que propugna reivindicaciones políticas sociales y económicas para los indios y mestizos de las repúblicas iberoamericanas”.Dicho lo anterior, quienes estaban bloqueando las carreteras afectando en una forma ilegal la vida y las actividades de miles de personas en el Valle y el Cauca, son los indios.Esta claridad nos lleva a pedirle a ese Presidente de tres por uno con el cual la Divina Providencia castigo este país, que nombre a Búfalo Bill ministro de Agricultura, Obras Públicas y Salud, que son los temas fundamentales del actual conflicto.Por supuesto que ya el ‘Presidente’ había amenazado a los indios con enviar la Fuerza Pública para despejar las vías de comunicación y, de hacerlo, dar un conocido final a la lucha o desacuerdo entre Búfalo (Bisonte) Bill y los indios pues en ese momento que -según nos lo ha enseñado Hollywood- llega la caballería y pone en fuga a Toro Sentado, Caballo Loco y otros jefes de los ejércitos indios.Resumida así la actual situación del suroeste colombiano, debo expresar con firmeza que apoyo a los indios siempre y cuando no insistan en perjudicar a la población de otros indios, mestizos, negros, etc… que no tienen culpa de los problemas actuales que se remontan a la conquista y que esos antipáticos terratenientes no han dejado solucionar saboteando la reforma constitucional de Alfonso López Pumarejo, de 1936 y la Reforma Social Agraria de 1961 (ley 135) de Carlos Lleras Restrepo.En el libro de Carlos Villamil Chaux, último gerente del Incora, se explica con claridad cómo esos godos (liberales y conservadores) se pusieron de acuerdo con Misael Pastrana en 1971 para firmar el Pacto de Chicoral que dio al traste con las reformas sociales que comenzaron a hacerse en 1966 (pues Valencia no hizo nada al respecto) de modo que desbarataron un proyecto cuyas fallas (generadas por la pérfida política de la paridad en el Congreso y en la administración pública) se hubiera podido analizar y, voy mi cabeza, que la actual situación y el fortalecimiento de las guerrillas después de 1972 no se hubiera dado, como tampoco los paros agrarios.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad