Algo distinto, por cambiar

Algo distinto, por cambiar

Mayo 05, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Como veo negro el futuro de Colombia, no porque vayan a fracasar las conversaciones con las Farc, sino porque el Estado se desploma poco a poco con sus tambaleantes ramas del Poder Público carcomido por el gorgojo de la corrupción, secuela de politiquería e ineficiencia, y en peligro la Procuraduría en manos de un santón que no distingue entre sus funciones y deberes constitucionales y el rezo cotidiano del Rosario (hostias para el diablo), me trasladaré al tema de los libros, numerosos, variados, que nos ofrecen las editoriales.Pese a lo anterior, he creído simpático reproducir un verso llegado a mí por tradición oral, y del cual queda algún recuerdo para quien se atreva a describir la continuación de las Reminiscencias de Santafé y Bogotá.Existió por allá a mediados del Siglo XX un piqueteadero, lugar de grandes parrandas, ubicado en el sur de Bogotá, a donde todavía se podía ir por carencia de mafiosos (drogadictos, rateros y otros) y cuando el único peligro era la policía secreta del Estado (SIC) y no los guaches que nos envía a diario la provincia y las buenas gentes de aquí que se han venido dañando.Eran sus dueños dos personajes, conocidos de todos y famosos entre los adolescentes; digamos que el establecimiento que regentaban es el abuelo de Andrés Carne de Res, pero más bogotano. Sus dueños, el ‘Manteco Murcia’ y su esposa Carola hacían la alegría de sus visitantes y en ocasiones era difícil encontrar puesto en aquel.Pues bien, el ‘Matenco’ y su esposa versificaban, como lo hacían los antiguos habitantes de esta hoy maltratada ciudad y en alguna ocasión festiva lanzaron al aire esta copla, que hizo carrera en ese entonces:“Sí el bambuco es de AlemaniaY si es de los griegos nuestro turmequé Morales Pino es turcoJulio Flores danés. Quevedo, Serna, Murillo y ValenciaPianistas de China han de serAsunción Silva hebreo Y Uribe Holguín francés”. ¡Lástima del ingenio bogotano que ha sido reemplazado por enormes escritos en las paredes, que no son grafitis sino pura basura, que los analfabetas y vagabundos usan para decir cosas asombrosamente inteligentes e ingeniosas: “hijo de p…”!En Cali también se da la guacherna, palabra que solo es respetable durante el Carnaval de Barranquilla y allá y cuyo origen en la Arenosa merece un buen estudio comparativo con uno de Bogotá.Avanzando en estas divagaciones me detengo en otro género gratísimo: el de las memorias de las familias decentes que no tiene nada de vulgar ni escandaloso que contar para tanta gente, pendiente de los 50 matices de gris (Gray).Y resalto aquí, por haber llegado exclusivamente a la familia y amigos, las memorias de un hombre cuyo gran mérito es bien apreciado y escaso: el de ser un hombre bueno, con una familia 'primorosa' como decía mis tías-abuelas y que le sirvió a los suyos, a sus amigos y a Bogotá, desde su profesión médica: Eduardo Cuéllar Génico.Emparentado con grandes familias bogotanas y guajiras, casó bien y tiene una familia estupenda.Escribí yo en la contraportada de ‘Toda una Vida’, título de la obra, que hablar de Eduardo y de su Familia “es recrear épocas mejores, en un Chapinero acogedor y amable, donde el gran caballero y médico y su familia formaban un núcleo excepcional en Quinta Camacho, donde habitaban en la Calle 71 con Carrera 8, cerca de la Clínica Cuéllar” y desde allí el Patriarca nos brindaba salud, tranquilidad, y protección - además a domicilio- cuando no existía la calumniada ley 100.“Todo llega, todo pasa y ese panorama desapareció para nunca más volver; hoy ‘Chapineruno’ es un adjetivo peyorativo […] Creo que ahora dependemos más de la Divina Providencia, que ha tratado de reemplazar -con poco éxito- a Eduardo”.

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