Actualicemos las lecturas

Actualicemos las lecturas

Mayo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

¿Qué ha ocurrido desde diciembre, cuando recibí abundante material de lectura, que creció en enero, con motivo de mi cumpleaños y, en meses más recientes, con algunas imprudentes entradas a Lerner, sin contar con préstamos varios?Veamos y comencemos con la excelente obra de Alan Palmer, The Decline and Fall of the Ottoman Empire que nos lleva a entender los actuales conflictos del Medio Oriente y las políticas de Francia e Inglaterra, que respaldadas por Estados Unidos, han llevado al mundo a la crisis en que se encuentra, sin que se pueda absolver a Rusia, ni, en su momento, a Italia, Bélgica y Alemania.Los países colonialistas deberían, como los penitentes de Semana Santa, azotarse cada uno y azotar a los demás sin parar, o subir por la eternidad, como Sísifo, empujando un gran roca.Es un gran descanso pasar de ese drama a la magnífica edición de los cuentos completos de Ronald Dahl: amenos, o tristes, o jocosísimos, pero en todo caso modelo exquisito de lo que es un cuento corto, lo cual no ha caracterizado a nuestros escritores. Hay que leer estas casi 900 páginas para conservar el buen humor en un país manejado por ineptos y corruptos; háganme caso y por algunos días descansaran de tantas dificultades.Para no alejarse demasiado hay que seguir con la magna obra ‘Avatares de la memoria cultural en Colombia’ de Carlos Rincón, engendro de historia de Colombia y formación alemana. No queda títere con cabeza, casi siempre como adecuada conclusión de algunos capítulos, de modo que quien esté realmente envenenado con este país, tan falsamente orgulloso de su geografía y sus ‘riquezas’, y su gente desde el descubrimiento a la fecha, encontrará alimento para tales sentimientos; son casi 500 páginas amargas pero que es bueno leer para pisar tierra y no andar en las nubes donde viven nuestros gobernantes y los políticos.Para acabar de deprimirse es obligatorio leer a Angelino Cobo, su ‘Historia tenebrosa’, que narra con lujo de detalles y respaldada en serias investigaciones, cómo se planeó y consumó el asesinato de Rafael Uribe Uribe, guerrero y estadista liberal, blanco de los jesuitas de San Bartolomé, del arzobispo Bernardo Herrera Restrepo, y de Pedro León Acosta, también el organizador del atentado de Barrocolorado contra el general Reyes.Lo que horripila es la vergonzosa participación de la Iglesia Católica y su odio insensato y enfermizo por el Partido Liberal, posición que mantuvo hasta mitad del Siglo XX, lo que junto con la pederastia y otras cosillas serán recordadas por muchos a venir.Pensar que mi lejano pariente Herrera Restrepo, arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, fue el real jefe del Partido Conservador durante tantos años, escogió a los presidentes (Concha, Abadía, Suárez, etc…) y dirigió la conspiración contra Uribe Uribe, usando asesinos, degenerados y borrachos, y curas formados en sus escuelas de odio, es doloroso.De paso y sin haberlo vivido ‘Nos Bernardo Herrera’ fue la piedra del zapato de un gran prelado, monseñor Perdomo, pues Laureano Gómez, sus amigos y la Iglesia Católica que manejaba la política a todo nivel en Colombia, con excomuniones y condenación eterna de los liberales, familia, servicio doméstico y trabajadores, es inaudito.Por eso cuando Perdomo no escogió como candidato conservador en 1930 al General Vázquez Cobo sino a Valencia, creó una crisis que Laureano acabó de completar, y que se interpuso en el camino de la canonización del prelado, a quien tuve el honor de conocer y recibir de él la confirmación.Por desgracia los liberales no aprenden y perdieron el poder en 1946 y allí comenzó a gestarse la violencia que se ejerció por los vencedores de 1947 a 1957, que es el origen real de lo que ahora vivimos y que nació por la división entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán que le hicieron flaco servicio a Colombia.

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