Yasuní

Agosto 30, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

A despecho de la costumbre de mirar por encima del hombro a los ecuatorianos, la verdad es que ellos han venido protagonizado una serie de innovadoras iniciativas políticas y sociales, que son resultado de una visión mucho más comprometida tanto con la democracia como con los derechos de la naturaleza y de los pueblos originarios de lo que la nuestra lo ha estado jamás. Estamos tan embobados repitiendo la letanía del libre comercio, la prosperidad democrática, la confianza inversionista y la locomotora minera que no tenemos ni tiempo ni cabeza para pensar en cualquier otra alternativa. El proyecto Yasuní ITT es un buen ejemplo de la audacia de las iniciativas ecuatorianas. El presidente Correa la lanzó en 2007 como un medio concreto de reducir el calentamiento global y de salvaguardar la selva y su portentosa biodiversidad. A cambio del compromiso de no explotar los importantes yacimientos petrolíferos del parque nacional de Yasuní, estimados en 920 millones de barriles, Correa pedía a la comunidad internacional entregara al Ecuador al menos la mitad de los ingresos que el país obtendría si explotaba esos yacimientos. Ecuador pondría el resto de la cifra estimada y los fondos obtenidos se destinarían a resolver en parte los déficit históricos en educación, salud y vivienda popular que todavía arrastra el país. Correa calculó en 350 millones de dólares los que anualmente tendrían que ser aportados por el mundo para evitar tanto los graves daños medioambientales causados por la explotación petrolífera en una selva que es también el medio natural de tres pueblos originarios, como la emisión adicional de 410 millones de toneladas de CO2, que agravarían el efecto invernadero. El proyecto ha fracasado sin embargo porque, tal y como informó el presidente Correa cuando días atrás lo dio por terminado, en cuatro años el mundo apenas ha prometido 336 millones y ha depositado solo 13,3 millones de los 3.600 millones de dólares calculados para garantizar la viabilidad del proyecto.El fracaso les ha permitido a los escépticos menospreciar a Correa diciendo que tiene ser muy tonto para creer que el mundo industrializado iba a invertir dinero no en extraer petróleo sino en ¡dejarlo bajo tierra! Yo prefiero por el contrario pensar que el fracaso de esta generosa iniciativa debe servirnos a todos de incentivo para seguir buscando fórmulas que permitan conciliar la salvación de la selva con el desarrollo económico y social.

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