Valle fructífero

Valle fructífero

Diciembre 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

El título de esta columna no es una metáfora del estado actual del Valle del Cauca sino una propuesta para el futuro que podría tener si pone fin al monocultivo de la caña de azúcar que tanto ha contribuido a degradar sus riquísimos ecosistemas. La oportunidad la brindan las multimillonarias multas que la Superintendencia ha impuesto a los principales ingenios, acusadas por empresas incomparablemente más poderosas como lo son Coca-Cola o Nestlé de formar un oligopolio virtual que fija precios y obstaculiza la importación de azúcar del mercado mundial. Las multas han sido recurridas por los abogados de los ingenios que argumentan que las mismas son tan excesivas que de hacerse efectivas los llevarán a la quiebra. Yo no estoy tan seguro de que eso sea así aunque reconozco que obviamente el pago de las mismas va a afectar seriamente la economía de los ingenios. Pero como ya dije, estas multas abren la posibilidad de poner fin al monocultivo de la caña y de inaugurar una etapa en la que el cultivo de la misma sea reemplazado en una medida significativa por los cultivos de frutos tropicales que, como bien sabemos, encuentran en nuestro valle geográfico tierras más que propicias para fructificar. Cierto, esto podría ocurrir si los ingenios quiebran como ellos dicen, aunque podría ocurrir de otra manera si también en un caso como este, que no pertenece al derecho penal, se aplicara una práctica que ya es universal en la justicia norteamericana: la negociación de las penas. Que en este caso significaría que el Gobierno Nacional aceptaría que los ingenios en vez de pagar en dinero contante y sonante y de una buena vez las multas que se les han impuesto destinen el dinero de las mismas a financiar un rediseño de sus instalaciones que les permita incorporar los equipamientos necesarios para el procesamiento y la comercialización a gran escala de las frutas tropicales. El Gobierno podría acompañar este esfuerzo de los ingenios fomentando y financiando cooperativas de agricultores que absorberían buena parte de la mano de obra hoy empleada en la caña y que alquilarían las tierras liberadas del cultivo de la misma por la reducción de las actividades azucareras de los ingenios. Alquiler que el Gobierno también podría estimular mediante ventajas tributarias ofrecidas a los terratenientes que se decidan a alquilar sus tierras a dichas cooperativas. Sería una apuesta por el Valle.

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