Un país sin cabeza

Noviembre 25, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Un país sin universidad es un país sin cabeza. Y Colombia no es que carezca de cabeza sino que la que tiene es tan minúscula como lo es su universidad. Que aunque parezca lo contrario es liliputiense si se la compara con los estándares internacionales que miden la calidad y la cobertura del sistema universitario de un país y con las ambiciones de quienes pensamos que un país de 45 millones de habitantes no puede seguir perpetuando un estado de subdesarrollo mental como el que expresó en España Miguel de Unamuno con este exabrupto: “¡Que inventen ellos!”. El problema en realidad no consiste que la universidad colombiana investigue muy poco, sino que no investiga todo lo que podría investigar porque se lo impide la inveterada actitud de esos gobernantes nuestros que comparten el desdén de arrogante señor feudal ante la ciencia y la técnica que movió a Unamuno a declararse en contra de ellas.Por esta razón yo saludo que el presidente Santos, con su decisión de retirar la reforma de la Ley 30, haya abierto la posibilidad de reanudar el debate sobre un problema tan decisivo para el futuro del país y que parecía que iba a resolverse definitivamente a favor de esos inversionistas que no ven más allá de los beneficios de su empresa. O de lo que es peor: de aquellos banqueros que sólo ven en la educación superior un campo propicio para inflar una burbuja especulativa como la que inflaron en la década pasada en la industria de la construcción en EE.UU. y en la UE y cuyo catastrófico estallido no han aprendido nada. Para mi es también la oportunidad de explicar una vez más mi propuesta sobre la universidad: los departamentos de Chocó, Valle, Cauca y Nariño se unen y crean la Corporación del Andén Pacífico, que obtiene del Gobierno nacional la concesión por 99 años de la conservación y la gestión medioambiental del ecosistema del Andén. Contando con este valiosísimo activo la Corporación obtiene en el mercado internacional de capitales fondos suficientes para financiar y poner en marcha un centro de investigación de nivel internacional dedicado a la investigación de ese ecosistema y que, liderado por la Universidad del Valle, articula y financia los esfuerzos en dicho campo realizados por el resto de las universidades de la región. Las ayudas públicas y los ingresos procedentes de los frutos de dichas investigaciones y del mercado de CO2 garantizarían la solvencia a largo plazo del Centro y de la propia Corporación.

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