Thoreau

Thoreau

Septiembre 16, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Murió hace 149 años, pero es quizá el pensador de mayor actualidad entre todos los muchos y admirables que han producido los Estados Unidos de América. Y lo afirmo no porque me crea uno de esos críticos literarios que anuncian cada dos por tres la publicación de una obra maestra que ‘revoluciona la literatura’, sino porque me limito a constatar que “la mayor oleada de desobediencia civil de la historia de la causa ambiental” desencadenada el mes pasado en Washington confirma la oportunidad y la justeza de su pensamiento y su actitud política. De hecho esta impresionante oleada es una oleada de ‘desobediencia civil’, o sea una puesta en práctica de la misma estrategia de protestas tan pacíficas como insobornables que Henry David Thoreau ejerció en 1846 negándose a pagar impuestos a un gobierno que, además de cómplice con la esclavitud, había emprendido por esas fechas la conquista de México. Él pagó su rebeldía con la cárcel pero no se arredró ni se arrepintió y escribió en cambio un libro, ‘La desobediencia civil’, que, con su defensa del derecho de los ciudadanos a desobedecer a un gobierno que actúa en contra de su voluntad y sus intereses, es un auténtico clásico del pensamiento político democrático. México, por su parte, perdió esa guerra y la mitad de su territorio, incluido Texas, que es uno de los seis estados de la Unión que serán afectados por la proyectada construcción de un oleoducto que unirá los yacimientos de arenas bituminosas de Alberta, en Canadá, con las refinerías de la costa de Texas encargadas de refinar el petróleo extraído de las mismas. Ese oleoducto es la razón de las protestas mencionadas y que están protagonizadas por una coalición heterogénea de caciques indios, ambientalistas, dueños de granjas, amas de casa e inclusive, por la notable activista Noami Klein, quien fue detenida, al igual que 1.250 personas más, durante las dos semanas de protestas que tuvieron lugar frente a la Casa Blanca. Y que tienen previsto continuar en Ottawa y de nuevo en Washington, quienes, aparte de confiar en la desobediencia civil, comparten a su modo el amor y el respeto de la Naturaleza que Thoreau expresó ejemplarmente en ‘Walden’. ‘La vida en los bosques’, resumen de su experiencia de dos años de vida en una cabaña del bosque levantada con sus propias manos. Y que seguramente también comparten los 9 premios Nobel de la Paz que han enviado a Obama una carta pidiéndole que impida la construcción del inmisericorde oleoducto.

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