Salvajes

Salvajes

Agosto 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Este título es el elegido por Rosemberg Sandoval para la exposición que inaugura la próxima semana en la galería Pilar de Sao Paulo, en la que ofrece una visión retrospectiva de cuatro décadas de su trabajo artístico. Título muy apropiado porque condensa la actitud y el papel que él ha asumido en el arte y la vida. Bronco, desafiante, intransigente con los buenos modales y más todavía con las buenas conciencias, orgulloso de la media vida vivida en alguno de esos barrios marginales de Cali cuya cruda realidad nos esforzamos vanamente en escamotear, Rosemberg Sandoval es también un artista sumamente original y de una actualidad y pertinencia excepcionales. Y no solo porque es el pionero del performance en Colombia sino también porque su singular interpretación de las lecciones impartidas por el accionismo vienés en los 60/70 del siglo pasado ha hecho escuela. Y no tanto aquí como en España, México o Guatemala, donde la lista de quienes se inspiraron en él o lo tienen como referencia la integran artistas tan destacados como Santiago Sierra, Teresa Margolles o Regina José Galindo. Todos ellos artistas que no eluden en sus acciones e intervenciones ni el dolor ni la crueldad ejercida sobre el público o sobre sí mismos. Tampoco eluden, como no lo elude Rosemberg, la puesta en escena de aquellos problemas políticos o sociales cuya sola mención resulta hiriente e incluso insultante para las buenas conciencias que mencioné antes.En el ensayo que escribí para su exposición de Sao Paulo he esbozado una hipótesis de interpretación del nexo entre su obra y esa marginalidad urbana que nos resulta prácticamente incomprensible para quienes ni la hemos vivido ni la padecemos y que ha encontrado sin embargo en la obra de Rosemberg Sandoval un potente medio de expresión. O una mediación si se quiere, que comparte estilo, tono, sensibilidad, colores con quienes están tan inmersos en la marginalidad que es nuestro mundo el que les parece marciano. Y que al mismo tiempo nos resulta legible porque utiliza códigos y campos semánticos que son igualmente nuestros. Cuando Camilo Torres afirmó que privar a alguien de su derecho a la palabra es una violencia que engendra violencia, quizás ni siquiera intuía cuan exponencial sería el crecimiento de nuestros tugurios, pero no me cabe duda que la obra de Rosemberg contiene la promesa de conjurar la violencia que los asola devolviéndoles la palabra.

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