Saberes selváticos

Saberes selváticos

Febrero 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Como bien sabemos nuestro gobierno es partidario de firmar tratados de libre comercio con potencias que habitualmente subvencionan de manera abierta o encubierta sectores clave de su economía, como son la agricultura, la banca, la industria militar o la farmacéutica. Y que por eso exigen que esos tratados inhiban o bloqueen las políticas proteccionistas que podrían eventualmente adoptar gobiernos como el colombiano en defensa de proyectos estratégicos de desarrollo en las áreas las mencionadas. A mí lo que sin embargo más me irrita son las cláusulas de esos tratados orientadas a perpetuar las ventajas adquiridas por dichas potencias en las áreas del conocimiento y de la técnica. Cláusulas que se engloban bajo el rótulo de defensa de la propiedad intelectual y se defienden argumentando que la defensa de dichos derechos, aparte de recompensar adecuadamente a los investigadores, son un estímulo indispensable para la continuidad de la investigación científica. Si el conocimiento no produce beneficios, ¿quién estaría interesado en invertir en la producción del mismo? -suelen preguntarse los voceros de las megaempresas que en el Primer Mundo se dedican al conocimiento tecnocientífico-.Pero estos argumentos no resultan sin embargo tan irrefutables cuando se contrastan con el hecho de que una parte muy importante del acerbo científico técnico del que se ufana con justa razón Estados Unidos se consiguió con generosas subvenciones públicas a fondo perdido, cuya justificación más socorrida ha sido la de que las investigaciones que lo produjeron tenían importancia estratégica para la defensa ante todo militar de los intereses de esa Nación en el mundo. Ese fue el caso, sin ir más lejos, de los fondos que se concedieron al etnobotánico Wade Davis para que viajara a la Amazonía e investigara los usos medicinales de su portentosa flora. Tarea que él realizó con entusiasmo y diligencia y que sin embargo no habría alcanzado el éxito que alcanzó si no hubiera sido por la buena disposición de las tribus amazónicas a compartir con él de manera desinteresada lo mucho que sabían sobre las propiedades curativas de las plantas. Es por esto que me resulta indignante que nuestro gobierno quiera garantizarles las patentes a las multinacionales farmacéuticas que en última instancia se están beneficiando de unos saberes que nuestros compatriotas de la selva pusieron a su disposición sin pedir nada a cambio.

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