Reivindicación del Valle

Reivindicación del Valle

Marzo 22, 2018 - 11:45 p.m. Por: Carlos Jiménez

Es triste decirlo pero lo cierto es que el Valle cuenta poco en la política nacional. Cuenta muchísimo más Antioquia del mismo modo que la Costa Caribe cuenta mucho más que la del Pacífico -que sigue siendo como en los tiempos remotos de Sofonías Yacup, ‘el litoral recóndito’.

Cabe atribuir esta vergonzosa minusvalía a la carencia ciertamente histórica de una dirigencia política a la altura de los recursos y las posibilidades de un departamento que en sí mismo tiene la complejidad de un país. De hecho no nos resulta ajeno ninguno de los desafíos a los que muy pronto habrá de enfrentarse un gobierno que quiera asegurar la paz transformando al país. Y que por lo tanto tendrá que asumir la solución siempre aplazada de la cuestión agraria -motivo recurrente de nuestras guerras- que en el Valle exhibe casi todas sus variantes.

En un extremo está la gran empresa agroindustrial -representada entre nosotros por la industria azucarera- que muchos consideran el modelo que garantizará el desarrollo económico y el empleo en las millones de hectáreas liberadas de los agobios e impedimentos del conflicto armado. La experiencia de muchos años nos ha enseñado que la empresa agroindustrial debe ser vigilada y controlada con el fin de impedir que se convierta en un agente nocivo para el medio ambiente. Tanto por el uso intensivo del agua y de otros recursos naturales limitados y de fertilizantes e insecticidas como por el empobrecimiento radical de los ecosistemas preexistentes que supone el monocultivo que la caracteriza.

Un empobrecimiento que no nos podemos dar el lujo de permitir y que se hace aún más grave en la selva del piedemonte y del litoral del Pacífico.

Allí nos enfrentamos a problemas parecidos a los que conocen o conocieron hasta hace muy poco todas las zonas de colonización del país en la Amazonía, el Magdalena Medio, el Catatumbo, la cuenca del Sinú y desde luego el resto del litoral pacífico.

Sus protagonistas han sido y siguen siendo colonizadores paupérrimos que para conseguir una finquita talan la selva. La terminan vendiendo a los especuladores que vienen detrás o abandonándola ante las amenazas de los paramilitares. Eso para no hablar de la tala a gran escala realizada por las multinacionales madereras. La posibilidad de salvar lo que queda de nuestras selvas depende entonces de las alternativas que ofrezcamos a los colonos y del control de las madereras.

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