Qué vale más

Qué vale más

Marzo 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

¿Qué vale más: la madera de un trozo de selva o un documental dedicado a ese mismo trozo? Esa es la pregunta que me hice cuando vi en YouTube el documental Érase una vez Tumaco, de Óscar Arcos Palma. Y me la hice no por indiferencia ante su refinado lirismo -heredero remoto de la célebre Sinfonía de la gran ciudad de Walter Ruttman- sino porque también tuve en cuenta su valor económico. Y no solo el suyo, que evidentemente lo tiene, sino el de todos los documentales que, siguiendo su ejemplo, podrían hacerse sobre su mismo escenario: el Andén Pacífico. Con otras intenciones, con otra retórica y con otra estética obviamente. Yo soy un admirador apasionado de los documentales dedicados a la naturaleza, producidos y distribuidos por la BBC y por National Geographic. Y los admiro porque, aunque responden de manera impecable al ideal del arte clásico que pugna por la unión de la belleza con el conocimiento, lo hacen utilizando la retórica y los recursos estilísticos y técnicos característicos de la más avanzada producción audiovisual contemporánea. Creo que en este punto reside una de las claves de su extraordinaria popularidad, ratificada sin ningún género de dudas, por el hecho de su difusión por las televisiones de medio mundo, cuando no del mundo entero. Difusión que genera a sus productores y realizadores unos ingresos enormes, que justifican y compensan con creces los gastos igualmente enormes que supone producirlos.¿Y por qué nosotros no podemos pegarle un buen bocado a este fecundo nicho del mercado mundial de productos televisivos? ¿Por qué por tener tenemos al Andén Pacífico y su excepcional biodiversidad, una tradición audiovisual, que aunque modesta es significativa, y un personal preparado para estas lides por una escuela tan destacada como lo es la de Comunicación social de Univalle? “Por falta de capital”, nos dirán quienes por inercia o conformismo se han resignado a que nuestras autoridades, en vez de estimular a las nuevas empresas, se concentren en recaudar impuestos en beneficio prácticamente exclusivo de los bancos y de la industria automotriz que, para más Inri, son de propiedad extranjera. A estos líderes, que en realidad no lo son, ni se les ocurre pensar que la selva que tanto desprecian es el respaldo contante y sonante que permitiría obtener en el mercado internacional de capitales los créditos que nos hacen falta. Digo, si los gestionaran.

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