Paradigmas ambientales

Abril 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Andrés Hoyos, conocido ‘ malpensante’, ha dedicado sus dos últimas columnas en El Espectador a promover un debate sobre lo que él mismo llama “paradigmas ambientales”. Y lo ha hecho oponiendo a los que él llama paradigmas tradicionales otros que tilda de nuevos y considera más realistas. A mi esta oposición no me deja satisfecho en primer lugar porque en varios puntos importantes adultera los argumentos de los actuales defensores del medio ambiente y, en segundo lugar, porque me parecen muy problemáticos algunos de los que presenta como novedosos y más adecuados para resolver la grave crisis medioambiental a la que estamos abocados. Y sobre todo porque en ninguno de sus dos listados atribuye un papel central al calentamiento del Planeta que ya está haciendo sus estragos, como bien sabemos y padecemos los colombianos. Aunque no solo nosotros.Pero aún contando con estas objeciones es de agradecer que Hoyos haya decidido sumarse a quienes estamos planteando la necesidad de debatir a fondo las cuestiones medioambientales como paso indispensable para que como sociedad y como Estado asumamos la tarea de diseñar y aplicar políticas concretas para darle salida a las mismas. Y también es de agradecer que entre los puntos de la agenda medioambiental que defiende incluya dos que nos conciernen directamente como vallecaucanos. El primero es el de los biocombustibles, que él considera desaconsejable por lo que supone de tala de bosques primarios, y que yo considero desaconsejable porque la generación de etanol agrava o por lo menos perpetúa el monocultivo cañero, sobre cuyo impacto negativo en los ecosistemas del valle geográfico del alto Cauca yo me he extendido suficientemente en esta columna.El segundo tiene que ver con el modelo de urbanización actualmente imperante entre nosotros, el de ‘ciudad desparramada’, que si -como señala Hoyos para el caso de la capital de la República han destruido en parte la “espléndida sabana de Bogotá”- en el nuestro ha causado un efecto igual de destructivo en el nuestro no menos espléndido valle. Eso para no hablar del exceso de consumo energético, con su consiguiente incremento de los gases de efecto invernadero, que supone la extensión excesiva de las vías de transporte. Por eso estoy plenamente de acuerdo con él cuando defiende a “las ciudades grandes y bien hechas, es decir compactas y atendidas por transporte público multimodal”.

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