Pachamama

Pachamama

Abril 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Con la aclaración de que el 22 de abril ya no es más Día Mundial de la Tierra sino el Día Mundial de la Madre Tierra, Ollanta y Itzamná encabeza un vibrante alegato (Alainet.org) que condensa en pocas líneas el gran despertar religioso que está promoviendo en nuestro continente el culto a la Madre Tierra. En él se lee que el 22 de abril se liberaron, como el resto del año y de los años, “toneladas de dióxido de carbono, metano o butano hacia el manto sagrado de nuestra Madre Tierra. Incuantificables metros cúbicos de veneno químico se vertieron al sistema sanguíneo de la Pachamama”. Sus perforados pulmones “fueron rebanados” con modernas tecnologías. Y, “muchos de sus defensores siguieron presos, perseguidos o muertos por el sistema del desarrollo moderno”. Ya desde 1970 -y por resolución de la ONU- se celebraba el Día mundial de la Tierra, pero la motivación y la finalidad de dicha celebración -explica Itzamná- fue “el cuidado de los recursos naturales para el desarrollo”. Su filosofía -“antropocéntrica”- siguió considerando a la Tierra como “eterna materia muerta”, simple despensa para los humanos. “Pero la Pachamama, un mega organismo que supera la capacidad de comprensión de la inteligencia lineal de los androcéntricos, activó su conciencia y dignidad en la inteligencia sintiente y simbólica de los pueblos del Sur. La Tierra Madre, como un ser vivo, con dignidad y conciencia propia, en su esfuerzo de prevenir la debacle a la especie humana, impulsó e impulsa la conciencia y la identidad Tierra entre los esquilmados por el sistema-mundo-occidental”. Fue por esta razón que Evo Morales y Miguel D’Escoto lograron en 2009 que las Naciones Unidas transformaron el 22 de abril en el Día Mundial de la Madre Tierra. Y lo hicieron en el marco de una filosofía que concibe a “la Tierra como ‘nuestra Sagrada Madre’”. “A Ella pertenecemos y de Ella depende nuestra existencia”. El 22 de abril de lo que se trataba era “de tomar conciencia de nuestra identidad Tierra, de nuestra espiritualidad Tierra, de nuestra dignidad Tierra. Seamos de cualquier pueblo que seamos, somos Tierra que ama, que siente, que piensa, que sueña, que llora. Venimos de Ella, estamos en Ella y hacia Ella vamos. Al tomar conciencia de Ella tomamos conciencia de nuestra existencia, de nuestra actitud y sentimiento hacia Ella. Sólo la conciencia y la dignidad Tierra activa en nosotros la pasión y la convicción de vivir sólo con lo necesario”.

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