Oswaldo Maciá

Abril 24, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Oswaldo es un poeta lírico que ni escribe versos como tantísimos otros en Colombia, ni toca la lira, que no es raro, porque ya no la toca ningún poeta de los que escriben apenas versos. Pero no por faltarle estos clásicos atributos, la obra de este insólito artista cartagenero es menos poética ni menos lírica. Solo que su poesía está hecha de olores, sonidos y palabras al viento antes que de palabras firmemente articuladas y su lírica no lo es por la utilización en desuso de la lira sino por el uso imaginativo de los medios más inesperados para transformar las percepciones comunes y corrientes en sensaciones y éstas en una auténtica experiencia sublime. Inefable obviamente, como la gran música.La obra con la que viene de ganar un concurso abierto por la Alcaldía de Bogotá para dignificar la plaza situada en el cruce de la Calle 19 con la Carrera Tercera es un buen ejemplo de su arte excepcional. Está compuesta por un sofisticado juego de cubos y de conos de acero cortén que guarda en su interior un conjunto de altavoces que emitirán una composición musical hecha a partir de las grabaciones de los trinos de las 1.900 especies de aves que para su desgracia habitan en Colombia. Cuando se termine de construir esta pieza, su música habrá de enfrentarse con toda la bulla de la que es capaz un cruce situado en uno de los centros urbanos más congestionados de las que yo tenga noticia. Pero Maciá asumió desde el inicio del diseño de su proyecto esta contingencia y la ha incorporado plenamente al mismo. Porque como bien aprendió de John Cage, el músico no debe temer al ruido -como lo ha temido durante tanto tiempo- sino que, como hizo Orfeo con las fieras, debe atraerlo y domarlo sometiéndolo al imperio de la música. Que la música está más allá o más acá de los pentagramas y de los instrumentos musicales. Como la lírica, que no cabe confundir con la lira.En realidad lo que Maciá propone es reelaborar y potenciar el contrapunto que se da en las ciudades entre el ruido urbano y los trinos de los pájaros que sobreviven arduamente en los resquicios de la jungla de asfalto. Su obra será una máquina de emitir la canción de los pájaros, que modulará su volumen en función de las variaciones del volumen de la bulla, gracias a un sistema de sensores y a un programa informático diseñado expresamente para cumplir ese fin. El trino y el ruido sellarán entonces una alianza memorable.

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