Nos quitaron el porvenir

Nos quitaron el porvenir

Mayo 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Escribo esta columna con auténticas ganas de verter una lágrima adolorida por la noticia de que este mes entrará en vigor el TLC con los Estados Unidos de América, que -como bien dijo en su día Antonio Caballero- ni es libre ni se refiere principalmente al comercio y que a nosotros los vallecaucanos nos quita lo mejor del porvenir. Digo, si es que consideramos que el porvenir está en la conservación de la selva, en su conocimiento y en el aprovechamiento sostenible de sus insólitas riquezas y no en la devastadora tala de sus árboles que en un par de décadas no dejará tras de sí nada más que un erial. O un desierto. Como ese que se extiende actualmente por el litoral pacífico de las costas peruanas y chilenas hasta regiones próximas a la ciudad de La Serena. Y siento este dolor y hago este pronóstico apocalíptico porque el siniestro Tratado -que ningún presidente que de verdad lo fuera de los colombianos debería haber firmado jamás- incluye las cláusulas medulares del Trips, el tratado de propiedades intelectuales, que nos obligarán a respetar en adelante las patentes de propiedad intelectual de los códigos genéticos de todas las especies vegetales de las selvas del Andén Pacífico, expedidas por el Gobierno de los Estados Unidos. O sea que ni nuestras plantas ni nuestras semillas ya serán nuestras y que en el futuro ni siquiera tendremos acceso libre a ellas para desarrollar nuestras propias líneas de investigación en las cada vez más diversas ramas de la biotecnología. Esa propiedad intelectual de la información genética, que es el verdadero capital del Siglo XXI, la hemos perdido para siempre. Así, de un plumazo. Como estamos perdiendo por obra de la mega minería la biomasa que nos hacía también increíblemente ricos. Y en esta hora luctuosa, cuando las campanas tendrían que sonar más lúgubres que nunca, recuerdo el libro ‘El río’ de Wade Davis, espléndidamente traducido por Nicolás Suescún, que dedica la mitad de sus capítulos a la vida y hazañas de Richard Evans Schultes -figura capital de la etnobotánica- quien pudo dedicar los mejores años de su vida a recorrer la Amazonía, recopilando información botánica estratégica. Y que lo pudo hacer gracias a la ayuda desinteresada de los chamanes y a las generosas subvenciones del Gobierno de los Estados Unidos, que nunca han sido tan miope como lo son nuestros gobiernos. Qué triste: ya nunca más tendremos la posibilidad de un Evans Schultes nuestro.

VER COMENTARIOS
Columnistas