Músicas del otro lado

Músicas del otro lado

Noviembre 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Que Cali es la capital mundial de la salsa es una afirmación tan comúnmente aceptada entre nosotros que no da la oportunidad de pensar que esta capitalidad es en realidad un notable ejemplo de transculturación. O sea una apropiación tan radical de una cultura ajena que ésta termina siendo propia. Asumida, vivida y producida como propia. Que allí están Niche, Guyacán y tantas y tantas otras bandas caleñas de salsa para demostrar hasta qué punto ha cobrado vida propia entre nosotros el legado de los grandes maestros caribeños de la salsa, género musical cuyo surgimiento no habría sido posible en otra ciudad que no fuera Nueva York.Estos pensamientos se me han venido a la cabeza porque un amigo, el artista español Santiago Sierra, me envió esta misma semana un video de Youtube titulado La Kolombia regia, un documental dedicado a la cumbia de la ciudad de Monterrey, en México. Y subrayo el “de” porque lo que se ve en el mismo da fe del hecho de que la cumbia que hace tres décadas largas introdujeron en la capital regiomontana Los corraleros del Majagual se ha convertido en la cumbia regia, igual y a la vez distinta de la cumbia colombiana. Con sus propias bandas, vocalistas y composiciones y su propia sonoridad, para decirlo con una categoría difusa utilizada habitualmente por Rafael Quintero y por Umberto Valverde en sus análisis. E inclusive ha ido más lejos: ha producido una subcultura urbana que se expresa en una manera de vestir y una manera muy alambicada y relamida de peinarse, así como en un conjunto de signos manuales que quienes participan de esta subcultura utilizan como contraseñas.Lo sorprendente del caso es que este mismo fenómeno de transculturación se ha producido en el otro extremo del continente, en Buenos Aires, cuyas villas miseria han incubado la impetuosa cumbia villera. Que, nacida como el tango en la pobreza y la marginalidad, tiene también vida propia: bandas, vocalistas, compositores, sonoridad, dj… Y además una desafiante reivindicación de la marginalidad de la que vienen su público y sus intérpretes que ha adquirido incluso una dimensión de protesta política y social, equiparable en cierto sentido a la que han encarnado el rap y el hip hop en los Estados Unidos de América. Ahora bien: puesto en el trance de diferenciar a una de la otra, diría que la cumbia regia es más del vallenato y la villera más de la cumbia clásica.

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