Muerte y resurrección

Muerte y resurrección

Enero 25, 2018 - 11:40 p.m. Por: Carlos Jiménez

Este podría ser el paradójico epitafio de Naomi Parker Fraley, la jubilada norteamericana que murió la semana pasada, a los 96 años de edad. Si hubiera muerto hace un par de años lo habría hecho en el más completo olvido. Nadie habría recordado que ella fue la modelo de un cartel editado en 1942, en plena guerra mundial, con el fin de incitar a las mujeres a ocupar los puestos de trabajos abandonados por los hombres que se marchaban al frente.

En él se ve a una jovencísima Naomi que, enfundada en un overol azul y una pañoleta roja de lunares blancos en la cabeza, mira a los ojos al espectador y le enseña desafiante el bíceps de su brazo derecho. Y si hubiera muerto una década antes no solo se habrían olvidado de ella sino del cartel mismo.

La Segunda Guerra Mundial estaba muy lejos y todavía más la coyuntura histórica a la que ese cartel pertenece. Es la que media entre el triunfo de la revolución rusa en 1917 y el inicio de la Guerra fría en 1947, cuando una multitud de pintores, fotógrafos, diseñadores gráficos, documentalistas y cineastas se encargaron de producir y divulgar una imagen emblemática, enérgica y positiva, de la clase social que con su trabajo hace posible el funcionamiento diario de la sociedad moderna.

Es la del cartelismo soviético, las pinturas de Charles Sheerer y Daineka, las fotografías de Rodchenko y Walter Evans, los documentales de Joris Ivens y películas de Eisenstein y de Charles Chaplin. Y desde luego de J. Howard Miller, el autor del cartel modelado por Naomi, quien compartía el aprecio por la clase obrera que en nuestra época, tan espectacular como especulativa, prácticamente ha desaparecido.

El cartel tuvo una segunda oportunidad. Se la dio el publicista que redescubrió el lema que lo preside, ‘We can do it’, y lo transformó en el de la campaña de ‘Obama for president: Yes, we can’. Y tras de él, las activistas que recuperaron el cartel entero y lo convirtieron en uno de los emblemas del feminismo que reivindica el poder de la mujer trabajadora.

Este doble renacimiento espoleó la curiosidad por el nombre de la trabajadora que había servido de modelo. Durante un tiempo se creyó que había sido Geraldine Doyle, pero fue James J. Kimble quien se encargó de aclarar que la auténtica modelo no había sido ella sino Naomi. Le costó 6 años de investigación lograr que ella fuera reconocida como Rosie, la remachadora, la renacida heroína del cartel.

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