Miopía histórica

Miopía histórica

Abril 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

La edición digital de El Espectador publicó el martes pasado un editorial que denuncia el penoso estado en el que actualmente se encuentra el Instituto de Investigación de la Biodiversidad Alexander Von Humboldt de Bogotá. Con un presupuesto y una planta física y de personal verdaderamente miserables, esta bienintencionada institución se ve abocada al incumplimiento de las amplias y cruciales responsabilidades en materia de protección del medio ambiente y de la biodiversidad del país que por ley le han sido asignadas. Un abandono francamente escandaloso en un país como Colombia que -según E.O. Wilson, el investigador de la Universidad de Harvard que acuñó el término de ‘biodiversidad’- es nada menos que ‘la Arabia Saudita de la biodiversidad’. A mí desde luego esta denuncia no me sorprende porque ya llevo el suficiente tiempo ocupándome de este tema como para saber que si en Cali llueve en Bogotá no escampa, porque tanto aquí como allí, las autoridades son de una ceguera y una irresponsabilidad pasmosa en una materia en la que está en juego no sólo la posibilidad del país de salir por fin de su sempiterno subdesarrollo sino de contribuir significativamente a la lucha contra el calentamiento global que -llámese Niño o Niña- es el fenómeno planetario responsable de las temporadas de lluvias catastróficas que vienen asolando, cada vez con mayor intensidad y frecuencia, a nuestro país. Advierto, eso sí, que la inepcia y el engreimiento de unos gobernantes en cuya mentalidad se mezclan la mentalidad del inspector de policía con la del de transito, no me van a desesperar ni a hacer desistir del empeño en convocar a los vallecaucanos a que nos unamos en la defensa de la excepcional biodiversidad del Andén Pacífico. Y que lo hagamos mediante el diseño y la puesta en marcha de instituciones, medios y políticas que permitan un fructífero aprovechamiento sostenible de los ecosistemas del Andén, respetuoso de su integridad. Algo que supone, además, tomar seriamente en cuenta los intereses y las opiniones de las tribus y las etnias que actualmente lo habitan. Así como salirle al paso a las multinacionales depredadoras que, aprovechándose de la actual indigencia de esos pueblos, les compran sus derechos constitucionales sobre el hábitat por un puñado de dólares. Como, para su desgracia y la nuestra, ya viene ocurriendo. Sólo así podremos curarnos de la ‘miopía histórica’ a este respecto denunciada por El Espectador.

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