Megaobras

Abril 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

“Dime de lo que presumes y sabré de qué careces”. El dicho me viene como anillo al dedo para referirme a esa manía que se ha apoderado del Gobierno Nacional -después de causar estragos en nuestra Alcaldía– y que consiste en engrandecer publicitariamente sus proyectos calificándolos siempre de mega proyectos. Yo no estoy seguro si quienes los diseñan y los promueven realmente creen que lo son, porque si es así habría que añadir que son tan cortos de miras que lo mejor que se puede hacer es quitarlos y poner en su lugar planificadores que en verdad lo sean. Porque todo lo que hasta ahora nos han ofrecido los planificadores de este gobierno envuelto en tan sonoro calificativo a mí no me parece gran cosa. Digo, si contamos con el hecho de que ya somos un país de 44 millones de habitantes, con unos recursos naturales y humanos impresionantes, cuyas legítimas y eternamente postergadas ambiciones de avance económico, científico y cultural difícilmente pueden ser satisfechas con proyectos como, por ejemplo, ese de hacer una nueva carretera en los llanos para facilitar la dedicación de esas tierras al cultivo de la palma africana. ¡Por Dios ¡Si ese es un proyectico como del Siglo XIX, que quizá le resulte rentable a unos inversionistas perezosos, pero que no supone ni de lejos un desafío técnico y empresarial a la altura de las demandas de este nuevo siglo que es -como sabe cualquiera- el siglo de la sociedad del conocimiento. Y no el de las plantaciones sembradas y cosechadas a mano por unos pobres jornaleros medio analfabetos. Pero todavía es más grave que también esta megalomanía haya hecho presa en la política universitaria del Gobierno Nacional, cuyos promotores se llenan la boca proclamando a voz en cuello su fe de carboneros en los milagrosos resultados de la privatización de nuestra educación superior, pasando por alto que lo que de verdad necesita este país es una universidad que le permita dar los pasos de gigante necesarios para descontar su enorme retraso en los campos del conocimiento y la investigación científica. Pasos que suponen inversiones extraordinarias y -sobre todo- la conciencia compartida de que esas inversiones son mucho más importantes que las que están pensando hacer nuestros gobernantes en sus megaproyectitos. Alfonso Ocampo Londoño siempre lo dijo: la base del sistema escolar no es la escuela primaria, sino la universidad. Y yo agrego: no hay universidad sin investigación científica.

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