Los poetas

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Es triste la suerte de los poetas. Su profesión ni es una...

Los poetas

Julio 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Es triste la suerte de los poetas. Su profesión ni es una profesión ni jamás podrá serlo por lo que no tienen la más mínima posibilidad de que se les pague por lo menos lo mal que se les paga a los maestros. Y hoy no solo carecen del aura que en su día les atribuyó un país que todavía no faltaba a su palabra sino que, encima, Hárold Alvarado Tenorio viene y publica una historia de la poesía colombiana que arroja a las tinieblas exteriores a todos los que le caen mal -que son la mayoría- prologada por un Antonio Caballero –él también poeta- que se lamenta porque a pesar de tan drástica poda, el pendenciero poeta bugueño haya incluido en esa historia a tantos poetas. Hoy nadie parece entender que nadie es culpable de ser poeta y que si alguien se empeña en ser y seguir siéndolo, no es porque sea un vago o un maleante irremediable sino porque no puede o no sabe hacer cosa distinta a intentar que la lengua cante cantando a la vida. A su vida o a la vida de los demás. Que si el poeta fuera solo un vago o un maleante tendría muchas más posibilidades de realizar su vocación antisocial en la política, en la administración pública o en muchas de las llamadas empresas.Pero si a los poeta les faltaran detractores en el país del ‘CVY’, del cómo voy yo, hace un par de semanas vino el periodista argentino Andrés Oppenheimer a promocionar su libro ¡Crear o morir! y en la entrevista que le concedió al diario El Tiempo llegó a decir que América Latina necesita menos poetas y más científicos, pasando por alto que los poetas crean, los científicos producen conocimientos y los técnicos inventos o innovaciones. Pero no me voy a ir por las ramas evitando así formular la crítica que en realidad merecen las declaraciones de Oppenheimer. Y que es muy simple. Si Colombia, con 48 millones de habitantes, cursó 86 solicitudes de patente el año pasado, mientras que en el mismo periodo Corea del Sur, con 50 millones de habitantes, cursó 16.000, no es porque nosotros estemos dedicados a premiar poetas, realizar festivales de poesía y a publicar miles de libros de la misma. No. Si padecemos esta penosa indigencia científica y técnica es por la guerra en la que durante 50 años o más hemos dilapidado buena parte de nuestras mejores energías. Y porque en todos estos años nuestra dirigencia política fue incapaz de encontrar el modo de ponerle fin a la misma. O sea que no podemos desaprovechar esta oportunidad.

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